La psicóloga Lucía Matesanz, especializada en trastornos de ansiedad, estrés y gestión emocional, orienta a los alumnos de SKR Preparadores para afrontar sus miedos a la hora de estudiar y les da las técnicas necesarias para evitar que la frustración les bloquee.

“Todos pasamos alguna vez por momentos difíciles que nos pueden descolocar y causar gran malestar emocional”, indica Lucía Matesanz en su página web. Pese a lo que pueda parecer a primera vista, no es una carta de presentación que invite al desánimo, sino todo lo contrario, es la introducción a una serie de herramientas que nos ayuden a afrontar ese bache y “convertir esta situación en un aprendizaje que te haga conocerte, comprenderte, aceptarte, darte tu sitio y, en definitiva, crecer como persona”.

Las circunstancias a veces nos superan, en cualquier aspecto de nuestra vida, pero en el caso de los opositores la incertidumbre tiende a asentarse con vocación de permanencia. El nudo en la garganta, la dificultad al respirar o el bloqueo emocional se convierten en pesados compañeros de viaje con los que hay que aprender a lidiar. Una tarea que puede complicarse si no nos ocupamos de ella a tiempo.

Un caballo de Troya

La ansiedad no llama a la puerta ni entra a cara descubierta en nuestras rutinas, normalmente se manifiesta a través de síntomas físicos o emocionales que camuflan el verdadero motivo de nuestro malestar.

Explica la psicóloga durante el taller de gestión del estrés y la ansiedad impartido en formato online a los alumnos de SKR Preparadores, que “la ansiedad afecta a diferentes niveles”. La fatiga física es muy común y el confinamiento no hace más que agravar los problemas asociados: “Estos días se está disparando el insomnio”, asegura. A nivel motor estamos más inquietos, porque necesitamos sacarnos esta sensación de encima.

Pero es a nivel cognitivo donde más factura nos pasa la ansiedad. Los pensamientos de preocupación, la dificultad de concentración, la dificultad para recordar lo ya estudiado o para memorizar información nueva acaban por mermar el rendimiento. La hipervigilancia, es decir, estar constantemente en alerta, es el mayor lastre para nuestro cerebro. Por eso, asegura Matesanz, “es muy importante aprender a calmar la mente”.

«Be water, my friend»

Llanto fácil, emociones a flor de piel, irritabilidad, sensación de ahogo, frustración constante… ¿os suena de algo? El primer impulso que tenemos es el rechazo, la evitación, “todo lo que hago para no enfrentarme a aquello que me genera malestar”. Pero el monstruo sigue ahí, no desaparece. La estrategia debe ser la contraria: no huir, sino plantar cara.

Aceptar el dolor o la frustración es el primer paso para poder avanzar. Aclara Matesanz a los alumnos más incrédulos que aceptación no equivale a resignación, negación o pasividad. Se trata de buscar la salida, “tener la fortaleza mental que me permita no perder mis objetivos de vista, redirigir mis energías e invertirlas en algo que me aporte valor y buscar la manera de avanzar”, explica utilizando la famosa metáfora del Be water, my friend” de Bruce Lee, paradigma de la capacidad de adaptación como mecanismo de resilencia.

¿Depende al 100% de mí?

Esta sería la pregunta clave que debemos hacernos ante situaciones de ansiedad. No podemos evitar tener preocupaciones, pero sí centrarnos en los asuntos cuya resolución dependa de nosotros y tratar que los factores externos no nos inmovilicen. “Si ponemos el foco demasiado tiempo en las preocupaciones que escapan a nuestro control, nos desborda la ansiedad”, argumenta la experta.

Igual de imprescindible es no culparnos por todo aquello que trasciende a nuestra capacidad de acción. Si no podemos dominar una situación o sus consecuencias, es inútil y tremendamente tóxico cargar con el sentimiento de culpa que solemos desarrollar cuando las cosas no van como esperábamos o como habíamos planeado.

La psicología tiene un papel preventivo, no solo curativo, explica. Es muy importante “cuidar la estabilidad emocional, es lo que sujeta todo lo demás, la base de todo”, añade. Por eso, anticiparse es la mejor estrategia. La planificación de las rutinas de estudio, por ejemplo, es una táctica sencilla y eficaz para recuperar la sensación de control, reducir la incertidumbre y con ella, la ansiedad. Eso sí, la psicóloga aconseja marcarnos objetivos realistas y no de resultado, sino de rendimiento, “hacer lo que esté en mi mano, lo que pueda, ni menos ni más”.

Y por supuesto… respirar. De una manera “consciente, relajada y profunda”. Varias veces al día, hasta dominar y naturalizar la técnica de forma que podamos aplicarla sin esfuerzo siempre que la necesitemos. Parece un buen primer paso, ¿lo damos juntos?

 

FOTO: https://www.freepik.es/fotos/escuela

Pin It on Pinterest

Share This