SKR Preparadores celebra una nueva sesión de Books & Wine, en la que alumnos y expertos debaten sobre el futuro de la socialdemocracia en el SXXI, bajo el marco de dos libros excepcionales: Una mirada al mundo de SKR Ediciones y Larga vida a la socialdemocracia de Borja Barragué.

Los cambios como la globalización, las crisis del Estado de Bienestar o los factores sociodemográficos y culturales llevó a los partidos socialdemócratas, a partir de los años 90, a adoptar y defender nuevos postulados que se enmarcaron en la denominada Tercera Vía, defendida por el politólogo inglés Anthony Giddens y llevada a la práctica por líderes como Tony Blair o Bill Clinton.

Al adoptar esta Tercera Vía, la socialdemocracia se asemejaba cada vez más en sus políticas a los partidos socio-liberales. Un camino que, como señala Borja Barragué, no fue otra cosa sino “una alternativa tendente a reconciliar la política económica de la derecha con la política social de la izquierda y tendente, además, a prolongar este idilio”.

Como recoge Barragué en su libro, esta Tercera vía formulada por Giddens se basaba en dos ideas fundamentales: la necesidad de la socialdemocracia de superar la división entre izquierda y derecha, fundada en las diferencias de clase social; y la idea de hacer campaña desde el centro y no temer ser considerados “demasiado conservadores” por sus votantes tradicionales (los votantes de clase trabajadora).

La tercera vía que durmió a la socialdemocracia

Pero la adopción de esta Tercera Vía implicó además, según Borja Barragué, un cambio radical en los tradicionales principios socialdemócratas:

  1. La socialdemocracia pasó de ser un proyecto basado en la idea de corregir desde su origen las desigualdades, a asumirlas como estructurales centrándose en corregir sus resultados.
  2. Además, adoptó la idea de que los individuos han de ser responsables y acarrear con las consecuencias de sus decisiones, porque si no pueden transferir el coste de sus elecciones a los demás y sobrecargar al Estado de Bienestar. Es decir, “la socialdemocracia asumió un discurso en el que trasladaba a los pobres y desempleados la responsabilidad de serlo” señala el autor.
  3. También, cambió su concepto de “justicia social”. Porque con la adopción de la Tercera Vía, la socialdemocracia se alejaba de las ideas del igualitarismo y la pre-distribución, para adoptar el postulado socio-liberal de la redistribución de los recursos, como forma de satisfacer la justicia social.

Este cambio supuso un giro inesperado para sus votantes tradicionales, que todavía quedó más en evidencia con la gran crisis que en 2008 asoló a la economía global. “La peor recesión en sesenta años” para Barragué, que añade que, en contra de lo que se pudiera pensar, “esta crisis que convirtió en pesadilla el sueño de la nueva derecha, abrió una ventana de oportunidad para la izquierda. ¿Qué pasó? Nada, porque la izquierda no tenía una visión alternativa que ofrecer”.

Es decir, tal y como resumió Inés Crespo en el debate generado con los alumnos de SKR Preparadores, «desde la crisis de 2008 a la socialdemocracia le ha faltado imaginación, de forma que los partidos socialdemócratas han tendido a ofrecer a sus electorados lo que Ignacio Urquizu llama “la vuelta a las esencias” (defensa de derechos de los trabajadores industriales; subvención de sectores en proceso de reconversión; etc), en lugar de buscar un proyecto político ilusionante y progresista para el conjunto de la sociedad en el contexto actual».

Esa falta de imaginación más reciente es la misma que puede atribuirse a la socialdemocracia de los años 90, pues “la socialdemocracia con su Tercera Vía había privatizado, liberalizado y bajado los impuestos” explica Barragué. Y su nueva noción de justicia social “se había vuelto de repente todavía más antipática”. Pero no solo para sus tradicionales votantes de la izquierda, sino para todos aquellos ciudadanos que mostraban respeto y preocupación por la desigualdad y por los grupos sociales más vulnerables ante ella, que eran la mayoría en la mayor crisis económica del SXXI, hasta la fecha.

Dicho de otro modo, los socialdemócratas no supieron entender que como señala Juan Hernández en el libro Una mirada al mundo,los modelos en los que se asienta el modelo del Estado de Bienestar siguen siendo deseables hoy en día, y lo que sin lugar a dudas sigue vigente es la preocupación por los cinco grandes contra los que Beveridge plateaba este modelo como solución: penuria, enfermedad, ignorancia, miseria y vagancia”.

No entender esto, hizo que la socialdemocracia se tambaleara con el crecimiento de la desigualdad, la crisis del Estado de Bienestar y su propia falta de visión política, tanto en el plano ideológico como en el económico.

Soluciones para una nueva socialdemocracia

La buena noticia, como afirma el libro Larga vida a la socialdemocracia, es que no todo está perdido y Borja Barragué nos explica su propuesta para resucitarla. Para el filósofo y economista, la solución pasa por un necesario reformismo progresista que renueve la propuesta de “sociedad justa” socialdemócrata. Una sociedad en la que no estén reñidas la pre-distribución y la redistribución, sino en la que sean estrategias complementarias que nos lleven a conseguir más igualdad y “justicia social”, en base a tres ejes fundamentales:

  • Renovar el pacto intergeneracional, “porque no podemos seguir dedicando el 75% del gasto social a proteger el riesgo de hacernos mayores”.
  • Renovar el pacto entre capital y trabajo, “porque la economía colaborativa de las plataformas no es tan cool como nos pensamos y en realidad está precarizando a millones de trabajadores “atípicos””.
  • Reforzar el pacto por la seguridad económica, “porque la pata asistencial de los sistemas de protección social está infra desarrollada en la mayoría de los países, especialmente en España”. Con medidas como por ejemplo, reforzar la última red de ingresos a través de dotaciones de capital y rentas garantizadas.

Pero junto a estas medidas, la socialdemocracia necesita también “restituir los lazos sociales” tal y como argumenta Lucía Valdés en Una mirada al Mundo. Porque como explica Valdés “la desigualdad supone una amenaza para la consecución de la cohesión social, que se plasma en la ruptura latente que parecen estar experimentando los vínculos tradicionales de solidaridad existentes en la sociedad”.

En este sentido, Borja Barragué dice de forma muy clara en el primer capítulo de su libro, que “la noción socialdemócrata de la justicia social es muy exigente”. Su razón para afirmar esto es que “institucionaliza la solidaridad entre los ciudadanos mediante los mecanismos redistributivos típicos del Estado de Bienestar”.  O lo que es lo mismo, “estar dispuesto a pagar una cuarta parte de los ingresos individuales en impuestos exige un sentimiento de comunidad que solo confieren, por ejemplo, los hechos dramáticos como las grandes guerras”.

Muchos son los que nos dicen que estamos librando una guerra contra un enemigo invisible: el COVID-19. Así que tal vez hoy, la socialdemocracia y los ciudadanos tengamos delante una segunda oportunidad para tener imaginación y para “ser capaces de mantener los lazos de solidaridad que subyacen a la auténtica noción de justicia social socialdemócrata” a la que se refiere Barragué.

Pin It on Pinterest

Share This