Tíscar Martín se sale del molde en muchos sentidos (todos buenos). Cinco minutos a su lado bastan para darse cuenta. Comenzó a opositar al Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado (CSACE) diez años después de la media. No solo nunca lo vio como un obstáculo, sino que saca el máximo rendimiento de su experiencia vital y profesional para afrontar su día a día como opositora con el mayor de los entusiasmos.

MARTA GÓMEZ PEÑARRUBIA

«Me mueve la vida», asegura jocosa pero plenamente convencida. «La vida es muy bonita y hay que disfrutarla todos los días». No ha elegido una oposición fácil, se ha decantado por preparar el acceso al nivel más alto de la Administración General del Estado, el CSACE, lo cual requiere un esfuerzo más continuado en el tiempo. Pero tampoco este detalle supuso para ella un obstáculo, sino un estímulo: «De esta oposición me motiva su temática, lo divertida que es y lo dinámico que puede llegar a ser el trabajo en el futuro. Desde luego no parece que dé tiempo a aburrirse».

Remontándose a su etapa universitaria nos cuenta que algunos de sus compañeros de la facultad de Derecho tenían claro que iban a opositar a judicatura, inspección de Hacienda, etc., pero Tíscar necesitaba «un descanso de estudio y vivir un poco». Por eso, nada más licenciarse ejerció la abogacía durante 14 años. En este tiempo también se matriculó en Ciencias Políticas, pero lejos de conformarse, sus inquietudes aumentaban. Necesitaba algo más y optó por opositar porque «trabajar el derecho desde la Administración Pública era la otra parte que me faltaba después de tantos años dedicada al derecho privado».

«Todo el mundo pensó que estaba loca por dejar la abogacía para ponerme a opositar a los 38 años, pero no considero la edad como una desventaja»

Aunque el suyo no es el perfil habitual de un aspirante al CSACE, cuya media de edad ronda los 25-30 años, Tíscar nunca lo percibió como un obstáculo: «Al principio todo el mundo pensó que estaba loca por dejar la abogacía para ponerme a opositar a los 38 años, pero no considero la edad como una desventaja. He estudiado toda mi vida. La abogacía implica muchas horas de estudio también, por lo que eso no me suponía ni me supone ningún problema. Creo que al final hice lo correcto, porque con 23 años no me apetecía encerrarme a estudiar, la verdad. Quería trabajar, ser independiente y conocer mundo. Eso ya lo hice y ahora, más sosegada, ya tengo las ideas más claras. Mis años de experiencia laboral previa me ayudan a conocer la Administración Pública desde el punto de vista del ciudadano y todo eso me anima a querer trabajar dentro para, si algún día apruebo la oposición, tratar de mejorar todo lo que se pueda».

La ventaja de opositar cerca de los 40, con una vida ya plenamente encauzada es no tener que posponer planes, decisiones o proyectos, una de las preocupaciones a las que se enfrentan los opositores más jóvenes. Además, la madurez y la experiencia aportan una perspectiva diferente, más firme, de los retos que se presentan.

De hecho, cuando le preguntamos por sus momentos más bajos de ánimo, asegura que «estudiar una oposición es un camino de rosas al lado de un trabajo tan exigente como el que tenía antes». Admite sin tapujos que ha sufrido episodios de ansiedad y estrés, pero antes de empezar a opositar y quizá sea esta experiencia vital lo que la ayuda a no hundirse ante los suspensos y los temas más complejos de estudiar.

«No hay que pensar que esto es una obligación insufrible, sino que te estás formando como futuro profesional de la Administración y que lo que estás haciendo es aprender, no padecer»

Asegura que «gestionar el estrés y la ansiedad no es fácil y se pasa muy mal. Para ello hay que relativizarlo todo. Lo primero es pensar que ya el hecho de estar opositando es encontrarte en una situación muy privilegiada, pues no todo el mundo se puede permitir dedicarse plenamente a esto. Después, no hay que pensar que esto es una obligación insufrible, sino que te estás formando como futuro profesional de la Administración y que lo que estás haciendo es aprender, no padecer».

Tíscar reconoce que «la oposición es una carrera de fondo con diversas etapas, unas las vives con más ilusión, otras con menos, pero nunca he tirado la toalla ni he pensado en hacerlo. Cuando he suspendido un examen he seguido estudiando desde el día siguiente, porque lo contrario no tiene sentido. La vida no da treguas. Cuando ejercía como abogada, estaba acostumbrada a trabajar bajo la máxima presión con los plazos judiciales. Si tienes un juicio un determinado día, al siguiente tienes otro y así sucesivamente. No tienes tiempo de descansar y si quieres ser un buen profesional en algo tiene que ser así, estar siempre pendiente de lo que haces, especialmente cuando se trata de algo relativo al aprendizaje, que como lo dejes, aunque sea un mes, estás perdido».

«Lo más difícil de opositar, afirma es dar vueltas una y otra vez sobre lo mismo»

De nuevo su experiencia previa ha jugado a su favor a la hora de establecer una disciplina de estudio y aprovechar al máximo el tiempo disponible. «Durante tres años he estado estudiando full-time, nueve horas diarias, pero desde abril de 2021 compagino el estudio con un trabajo a media jornada. Bueno, y con Rodrigo, mi novio, que es quien lleva años aguantando todas mis ocurrencias estudiantiles«, comenta entre risas. Los fines de semana recupera horas de estudio para mantener el ritmo.

Lo más difícil de opositar, afirma es «dar vueltas una y otra vez sobre lo mismo. Llega un momento de hastío de tanto repetirlo todo y encima teniendo en cuenta que no puedes bajar la guardia porque debes estar atento a los cambios legislativos, políticos, económicos, etc., por lo que tienes la sensación de que el temario nunca se acaba y nunca serás capaz de abarcarlo». Para evitar los pensamientos negativos se apoya en su preparador, Antonio Gistau, al que cariñosamente llama ‘amado líder’. «Siempre me dice que vaya “semana a semana” intentando cumplir objetivos a una semana vista, y creo que es lo mejor, porque pensar en dos o tres años vista genera mucha ansiedad. Hay que marcarse objetivos de estudio viables en los siguientes días y así, poco a poco, vas avanzando».

Salvo por «algún viajecito con amigas» que se ha perdido en este periodo, se confiesa «muy feliz desde que oposito». No quiere hacer planes a largo plazo, prefiere ir «donde la vida me lleve», pues recuerda decirse a sí misma con 23 años «que no opositaría jamás y mira dónde estoy». Cuando le pedimos que sueñe despierta y elija su destino ideal, responde que le «encantaría trabajar en Justicia, porque creo que podría aportar una visión muy práctica de la realidad y ayudar a mejorar las cosas«. Y a sus compañeros de batalla les aconseja algo que a ella le funciona para mantener la ilusión intacta día tras día: que disfruten de su época de aprendizaje.

 

 

Marta Gómez Peñarrubia es periodista y responsable de comunicación de SKR Preparadores. Le interesan más las dudas que las certezas. Tuiterías@marta_gomz

 

 

 

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