En plena dictadura de las fake news, Alejandro Remesal defiende el buen periodismo como herramienta fundamental para plantar cara a bulos y mentiras y para salir airoso de una situación de crisis, al menos, desde el punto de vista de la comunicación.

Este periodista y funcionario zamorano, que presume de haber sido el primer Community Manager del Ministerio de Asuntos Exteriores, cuestionaba la idoneidad del sistema de acceso al empleo público en la primera parte de esta entrevista y ahora se atreve con la comunicación institucional en tiempos de crisis. Esperamos que tenga de nuevo el paraguas preparado…

Ya nos contestó con un sí rotundo al uso (con moderación) de las redes sociales, ¿cuántas cuentas maneja usted ahora mismo, entre personales y profesionales?

No soy especialmente activo en mis redes sociales personales, soy más voyeur que generador de contenido. Es como el futbolista que dedica su vida al fútbol, normalmente cuando sale del vestuario lo que menos le apetece es seguir dando patada a un balón. Pero estoy en Twitter, la red por antonomasia; LinkedIn, la red que más y mejor está creciendo, y la que más me interesa ahora mismo; e Instagram, la red más bonita. También estoy en Facebook, pero es una red en peligro de extinción que ya no utilizo. Todo tiempo pasado fue mejor para Facebook. Tik Tok es la novedad, pero ahora mismo no me aporta nada.

En lo profesional, fui el primer Community Manager del Ministerio de Exteriores, allá por 2012. Empezábamos de cero, fue una época muy bonita pero a la vez de mucho trabajo. Actualmente soy responsable directo de las redes sociales de AECID en Twitter, Instagram, Facebook, Flickr y YouTube. Estamos preparando nuestro desembarco en Vimeo y Linkedin.

De forma indirecta, también soy responsable de las más de 100 cuentas oficiales que en distintas redes sociales tienen las Unidades de Cooperación en el Exterior de la Cooperación Española, desde el Centro Cultural de España en México hasta la Oficina Técnica de Cooperación de AECID en Etiopía. Pero tengo un magnífico equipo tanto en Madrid como en los más de 30 países de 3 continentes donde está presente AECID. El mérito es suyo; si metemos la pata, la culpa es mía. Es lo que tiene ser el que toma decisiones.

«Los bulos han estado ahí siempre y su altavoz llamado redes sociales ha venido para quedarse»

Lo de meter la pata parece bastante factible ante una situación de crisis, ¿cuáles son las prioridades?

La prioridad es que no te pille en fuera de juego. Las crisis se empiezan a controlar mucho antes de que aparezcan. Es imprescindible saber a qué tipo de crisis puedes enfrentarte en tu sector de actividad concreto, y crear protocolos de actuación, porque antes o después vas a tener que enfrentarte a una crisis.

Una vez que nos damos de cruces con ella, se trata de implementar el protocolo que hemos pensado en momentos en los que teníamos la cabeza fría, porque en mitad de una crisis es difícil mantener la calma, y los nervios no son nunca buenos consejeros. En ese protocolo debe estar claro quién manda, debe haber una célula de crisis identificada, cuanto más pequeña mejor, con capacidad de decisión inmediata en todos los ámbitos. En tiempos de zozobra, la ciudadanía necesita certezas.

Y es vital ir siempre sobre seguro, vísteme despacio que tengo prisa. Las crisis nos ponen en el foco mediático, has de conjugar la máxima rapidez en la respuesta con la absoluta seguridad de que la información que proporcionas es veraz, precisa y pertinente. Y para ello debe haber un responsable de comunicación, un Dircom que llaman los modernos, no un becario.

Vivimos una ola creciente de fake news, bulos… ¿dónde están los límites de la libertad de expresión?

Mi libertad termina donde empieza la tuya, también a la hora de hablar. Eres libre de criticarme, no de insultarme. Eres libre de opinar, pero no de mentir. Tan simple y a la vez tan complejo.

«Las crisis se empiezan a controlar antes de que aparezcan. En tiempos de zozobra, la ciudadanía necesita certezas»

¿Cómo debería lucharse contra la información errónea o, yendo más allá, contra las mentiras?

Como contra todo en esta vida, con educación, con cultura. No matemos al mensajero: la culpa de las fake news no la tiene Mark Zuckerberg, las tiene aquel que parapetado en una cuenta anónima vomita fake news. Los bulos han estado ahí siempre, y su altavoz llamado redes sociales ha venido para quedarse, así que debemos dotar a la ciudadanía de herramientas para diferenciar bulos de verdades. Es importante crear el hábito de contrastar, de ejercer un pensamiento crítico. Vivimos en la era de la sobreinformación, y eso solo puede traer desinformación.

Y también déjame que barra para casa: a las mentiras se las combate con (buen) periodismo. Ahora cualquiera con una tarifa plana y una cuenta en Twitter se cree periodista, y no. Que de la crisis perpetua que viven ahora mismo los medios de comunicación surja un nuevo periodismo dependerá en buena medida que haya luz al final del túnel de las fake news. No tiene sentido que los periódicos sigan contándote al día siguiente lo que ya escuchaste en la radio, viste en televisión y leíste en redes sociales el día anterior. Los medios de comunicación deben especializarse en el contexto, en la información de fondo y en la opinión fundada. No dar cantidad, sino calidad. Si son capaces de verlo, estoy seguro de que tendrán un nicho de mercado, y todos nosotros tendremos esperanza. Mientras sigan empeñados solo en competir por el clickbait, apaga y vámonos.

En el escenario actual, por ejemplo, se planteó la posibilidad de limitar o controlar la información, las voces críticas halaban de censura… ¿cómo se equilibra la balanza?

Con instituciones regulatorias imparciales e independientes. Mientras el juez sea parte, no hay nada que hacer.

Con la crisis del COVID-19 numerosos gobiernos, entre ellos el español, están poniendo a los técnicos, a los científicos en primera línea en las ruedas de prensa y los comunicados oficiales. ¿Es una forma de no «quemar» su propia imagen o de ganar credibilidad? ¿Es la estrategia correcta?

En las crisis siempre se utiliza «a los que saben» como escudos humanos. Pero el trabajo de un experto se limita a opinar de lo que sabe, las decisiones las toman los políticos, va en su sueldo.

Me enfada y preocupa a partes iguales el uso torticero que se ha hecho en esta crisis, por unos y otros, de los «expertos». Veamos: se les pregunta, estos contestan sobre aquello que saben, si lo que dicen no conviene, no se les hace caso, pero en todo caso la culpa es de los expertos que son los que han dicho lo que tengo que hacer. Además de parecer un sketch del camarote de los hermanos Marx, no es de recibo.

«Hacen falta más recursos humanos y técnicos, pero ese aumento no debe verse como un gasto sino como una inversión»

Las empresas tienen esta lección aprendida hace tiempo, ¿dedican las administraciones recursos suficientes a la comunicación, en general, y a la dedicada a la gestión de crisis, en particular?

Puedo decir por experiencia que en las empresas no son más altos, más guapos ni más rubios, simplemente son más rápidos. Vivimos un cambio de paradigma, y mientras las empresas se adaptan porque en ello les va la vida, en lo público creamos comisiones, convocamos una reunión para debatir sobre la anterior reunión, emitimos una nota interna y creamos tres normas para derogar una. La seguridad jurídica es imprescindible siempre, mucho más en el ámbito público porque manejamos el dinero de todos, pero si la ciudadanía te exige un sprint, no puedes comportarte como un maratoniano. Y las crisis exigen ser Usain Bolt.

Y para hacer más ágil el procedimiento, la lógica base del funcionamiento de la Administración Pública, hacen falta más recursos humanos y técnicos. Pero ese aumento en, por ejemplo, manos y software, no debe verse como un gasto hoy, sino como una inversión para mañana.

Por eso defendía usted la especialización de su rama en la función pública…

Y me reitero. Debería potenciarse el perfil comunicación dentro de la Administración Pública, si no con un cuerpo específico, como sucede con otros ámbitos, sí con una experiencia previa en comunicación. Y para eso hay que poner en valor el curriculum, no solo los conocimientos. Como te decía en su momento, lo ideal sería que a los puestos superiores se entre habiendo ya gestionado situaciones similares a las que te vas a enfrentar.

Eso sí, con todos los defectos y posibles mejoras, opositar sigue siendo hoy por hoy una mano ganadora.