Conversaciones con… Andrés Villena

El escritor Andrés Villena expone frente a Kike Cortés su teoría sobre el funcionamiento del poder y sobre cómo los vínculos sociales se reflejan en el plano institucional: «Si hubiera que buscar una variable yo diría que es la cohesión interna de la élite», asegura.

El eje central del encuentro gira en torno al magnetismo del poder y la curiosidad que genera tanto para quien lo estudia como para quien lo detenta. Andrés Villena, autor del libro Las redes de poder en España. Élites e intereses contra la democracia comienza su argumentación con una curiosa metáfora: habla de la obra principal de Tolkien, del anillo que se adapta al dedo de su portador, para afirmar que «es una fascinación humana lo que tenemos por el poder, por entenderlo y por ejercerlo» e ilustrar lo difícil que es desprenderte de él cuando llega el momento.

«Si tienen cosas en común van a ser capaces de formar ese organismo biológico que se reproduce, que absorbe las energías opositoras»

Con este arranque es difícil no quedarse un rato más a escuchar y Villena no defrauda. Continúa demostrando incluso al más escéptico que el interés por el poder es parte de él. «El hecho de poder tomar decisiones e imponerlas está inserto en nuestras relaciones: hay poder en las parejas, en las familias, en las instituciones… Es algo inherente a nuestra naturaleza social. Hay redes de poder porque hay redes sociales», sentencia. «Otra cosa son formas desorbitadas de poder» que el entrevistado describe como «patologías del poder» y por las que, asegura, sí hay que preocuparse.

Kike Cortés, director de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública SKR pregunta entonces sobre los elementos de unión de los nodos de poder. Villena lo tiene claro: «Diez hombres y mujeres, si se ponen de acuerdo, pueden mandar sobre 100.000. Un dato fundamental es la cohesión social o conciencia de clase de los que mandan. Si tienen cosas en común van a ser capaces de formar ese organismo biológico que se reproduce, que absorbe las energías opositoras. Ese monstruo que crea la élite tiene capacidad para absorber las energías punteras de la sociedad y es ese pegamento que permite mantener de acuerdo en las líneas generales a los que mandan y eso supera las ideologías».

Es la razón fundamental por la que, explica, no hay tanta diferencia entre políticas de izquierdas y de derechas. Ante esta dicotomía planteada por Cortés, su interlocutor recomienda ser lo más promiscuo posible, intelectualmente hablando: «No puedes ser solo una cosa, es tan compleja la realidad que necesitamos todas las herramientas para explicarla». Y añade que, detrás de los perfiles, «la música es la misma: cohesión interna, grupos de poder, regiones donde tienen éxito electoral».

«Lo que está ocurriendo es mucho más aburrido, más complejo, más interesante, pero no es apto para todos los públicos»

Inevitablemente salen a relucir las puertas giratorias, comunes en cualquier partido, y los ejemplos recientes de Salvador Illa o Inés Arrimadas. «No es que todos los políticos sean iguales, es que la variable poder-social tiene componentes superiores a los cambios ideológicos», defiende Villena.

Ambos coinciden en que la forzada polarización es más espectáculo que realidad. Crea adeptos, fanatiza y es muy entretenido, pero «no es lo que está ocurriendo de verdad» en el escenario político, explica el autor, «lo que está ocurriendo es mucho más aburrido, más complejo, más interesante, pero no es apto para todos los públicos».

«Muchos altos funcionarios se dejan cautivar para ocupar cargos electos. Pero eso no quiere decir que no haya un poder moderador en la Administración»

Cortés se pregunta entonces si ese juego arrastra también a los agentes de la Administración Pública. En un principio, afirma, «la alta función pública ha sido un logro para conseguir neutralizar las ansias de poder y servir de dique de contención de las ideologías y sostener las instituciones» más allá de las estrategias y las políticas de cada Gobierno, pero, «¿ha habido una mayor connivencia con el poder en los últimos años?»

Andrés Villena asegura que «hay una simbiosis necesaria, contamos con una serie de expertos legales en muchos ámbitos legales con los que hay que contar», y admite incluso que «muchos altos funcionarios se dejan cautivar para ocupar cargos electos. Pero eso no quiere decir que no haya un poder moderador en la Administración del Estado con una gran masa de funcionarios con una fuerte vocación de servicio público».

Puede ver la entrevista completa en este enlace

 

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