Carta del director_  KIKE CORTÉS DE ABAJO

Chaves Nogales abandonó España con la melancolía del que sabía que nunca volvería a pisar su tierra y la nostalgia del que pensaba que aquel futuro posible se le escapaba para siempre entre las manos. La España que deja atrás está radicalizada, ofuscada, frustrada y partida en dos mitades irreconciliables. No hay espacio para la conciliación y la concordia, se acabaron los lugares comunes, un portazo a los proyectos emancipadores de la sociedad, adiós al progreso…, puf, un desastre.

Manuel Chaves Nogales no encontró su espacio en una España rota a sangre y fuego -lean el prólogo de su libro con ese mismo título y estremézcanse- y con su hatillo de sueños rotos tuvo que buscar su exilio ante el avance radical de la sinrazón a uno y otro lado del espectro político, ¿les suena? Se repiten cantinelas, se reciclan relatos ya enterrados y se rescatan los sonidos estridentes de los clarinetes que anuncian a los nuevos señores de la política, sin ocultar tan siquiera que ya se han quedado viejos, que son los mismos.

«Tuvo que buscar su exilio ante el avance radical de la sinrazón a uno y otro lado del espectro político, ¿les suena?»

La buena política, y los buenos políticos, son el mejor antídoto frente al fino destilado de los excesos egoístas y la mejor solución para articular proyectos colectivos; pero la mala política y los malos políticos son, por la misma razón, la gasolina en el fuego de la discordia, el freno de mano a cualquier progreso colectivo y el disfraz engañoso del verdadero lobo feroz de la humanidad.

«Un responso por la buena política» pedía el delicado Zweig cuando veía que los anhelos del progreso caían a plomo ante el avance de los fanatismos en el corazón de Europa. Hoy no estamos tan mal como entonces, pero entonces tampoco creían estar tan mal, ¿se entiende? La pandemia ha puesto al desnudo nuestras carencias colectivas y, entre ellas, la solidez de nuestra política y, por añadidura, de sus actores.

Hace unos años, un amigo argentino cuya dedicación consistía en construir políticos , ante mi asombro por el pírrico resultado de quien yo pensaba el candidato más sólido ética e intelectualmente en unas elecciones primarias, me desveló: «el secreto está hoy en saber disfrazar bien la ambición de vocación y la falta de inteligencia de una gran determinación». La política es hoy un reality show del que formamos partes, no somos espectadores, no; somos parte del mismo show, sin darnos cuenta.

«La pandemia ha puesto al desnudo nuestras carencias colectivas y, entre ellas, la solidez de nuestra política y, por añadidura, de sus actores»

Michael Ignatief, en su libro Fuego y Cenizas, que destila por igual ironía y tristeza, relata en primera persona su intento -inocente, bienintencionado y desastroso- de adentrarse en la política. «Uno no puede refugiarse en la pureza moral si quiere lograr algo, pero de igual modo si sacrifica todo principio uno pierde la razón por la que entró en política», se dice a sí mismo, amargamente, después de encontrarse literalmente despedazado en un proceso electoral en el que pensaba que el contenido de las propuestas contaba. Pobre iluso, el bueno de Michael. Ya lo había advertido el juez Holmes sobre el propio Roosvelt «tiene una inteligencia de segunda, pero una ambición de primera y ganará» … y ganó. Ya está, así es.

No es nuevo, para valer en política no hay que ser bueno, ni siquiera hay que saber de política. Max Weber, por ejemplo, como activista solo conoció la humillación y la derrota -no consiguió ni siquiera ser nominado candidato a diputado por el Partido Demócrata al que pertenecía-, como teórico, sin embargo, hoy pedimos a los estudiantes cada año que lo lean con fruición ¡qué paradoja!

«Para valer en política no hay que ser bueno, ni siquiera hay que saber de política»

Si echamos un vistazo a la producción bibliográfica de los últimos años vemos una suerte de marasmo de obras que apuntan hacia un retroceso de la democracia y un debilitamiento de las instituciones que las sostienen. ¿Sabremos leer los posos del café? Tal vez no sea necesario, tal vez solo sea necesario levantar la vista un poco y dejar de mirarnos el ombligo ¿seremos capaces?

Juguemos con el azul del puzzle de la política y tratemos (¿lo hacemos?) de poner juntas las piezas y esperemos que se entrelacen, que choquen, que simulen juntarse. Especulemos un poco con cómo era el mundo de la política antes de que llegase la COVID y nos hiciésemos vulnerables, cómo es mientras estamos en medio de la pandemia y nos hemos hecho miedosos y buceemos en lo que puede venir después, si es que queda algo.

Indignación (Política pre COVID)

  • Reordenación geopolítica.- El eje del mundo se estaba deslizando de las barras y estrellas a la otra bandera roja ( la otra, ya no la hoz y el martillo).
  • Liderazgos extraños.- Trump, Jhonson, Bolsonaro, Lopez Obrador….¿un liderazgo real? Sus discursos son lo más parecido a un borracho cruzando una calle cubierta de hielo.
  • Crisis de representatividad (indignación).- Salimos a las calles hartos de que no nos representaran, nos indignamos, nos rebelamos.
  • Democracia emocional.- Los resortes de la democracia ya no son los de la razón, si no los del corazón. El lenguaje de la democracia no busca razones, solo emociones.
  • Debilidad ideológica/polarización cívica.- Se perdieron los ejes ideológicos en conflicto y, sin embargo, se han radicalizado los segmentos sociales.
  • Menos razón/más pasión.- Después de votar nadie quiere volver a ser esclavo, señalaba Rosseau, pero ahora es la razón la esclava de las pasiones (Arias).
  • Postverdad/Fakenews.- El campo semántico ha adoptado un lenguaje bélico cargado de un cinismo negativo (en el que se da por descontado que los políticos piensan exactamente lo contrario de lo que dicen, y nos da igual)
  • ODS 2030.– Se fraguó, a duras penas, un umbral de esperanza para que el mundo tuviese un futuro sostenible y con una arquitectura internacional desfasada.

Pausa (Política while COVID)

  • The State is back.- Lo público ya no es prescindible, se ha hecho necesario. El Estado está de vuelta y, esta vez, para quedarse. Keynes levanta una ceja y sonríe.
  • ¿Más estatismo o más civismo? Los estados de alarma han puesto en pausa la democracia, ¿hemos cambiado las libertades por un mundo vigilado? ¿Somos responsables o necesitamos que nos hagan responsables?
  • Políticas Públicas (Sanitarias y Sociales).- Para el que dudase de la necesidad de estas políticas públicas puras, las escenas de muerte, hambre y desolación apuntalarán la necesidad de protección y cuidado públicos.
  • Necesidad de liderazgos.- Un hombre fatigado y extenuado entra en la consulta de un médico que le ausculta y ve que lo único que le pasa es que está triste y melancólico. El médico le anima a ir ver la función teatral del mejor cómico del momento que está recién llegado a la ciudad. El paciente le responde: doctor, yo soy ese cómico. Nuestros líderes son como ese cómico, aparentan públicamente exactamente lo contrario de lo que son.
  • Debilidad de los hombres fuertes.- Bolsonaro, Trump, Jhnonson, los más duros los más débiles, el espejo de la realidad ha puesto a la vista sus flaquezas…..y son muchas.
  • La gobernabilidad global se hace local.– La desglobalización ha convertido a los pueblos en el mundo y al mundo en un pueblo.
  • Unión/desunión.- Nunca hemos estado tan cerca entre nosotros… y tan lejos la política de nosotros.

Incertidumbre (Política post COVID)

  • Vuelven las fronteras.- Las fronteras serán de nuevo partes de los mapas ¿para distinguir o para excluir?.
  • ¿Más ideología o más ideas?.- El desplome de las ideologías del siglo XX no se ha traducido, aún, en un resurgir de nuevas y mejores ideas. La destrucción creativa de Schumpeter no se aplica al mundo de las ideologías, habrá que esperar.
  • Reafirmación Democrática.- Si de esta crisis no asumimos la profundización en la democracia y en el valor de lo común es que, definitivamente, estamos ciegos .
  • China/USA/UE …diferentes modelos.- El mundo ya no tendrá un solo modelo que quiera imponerse, cada uno vale para lo que vale; a Europa le queda la cultura y los valores, a USA y a China, la economía y la influencia política. Cada cual su parte del pastel ¿a ver quién sopla las velas?
  • Reivindicación de la ejemplaridad.- Recuperaremos a Javier Gomá, al que se citaba tanto en el vacío. De la crisis salió la indignación y de ella una nueva casta ahora en jaulas de oro. De esta ya no saldrá nada que no sea ejemplar, monarquía o república, es lo mismo, lo que sea que sea bueno, útil y éticamente aceptable.
  • Intensificación de la inmigración.- Será el fenómeno del siglo. Los desarreglos del mundo, la desigualdad y la legitimidad de la esperanza harán de la inmigración la cara ética del siglo XXI. ¿Estaremos a la altura?
«A veces no se trata tanto de cambiar el mundo como de comprenderlo, para poder manejarlo»

«La mejor manera de evitar que el prisionero escape es asegurarse de que nunca sepa que está en prisión», acertaba a decir Dostoyevski, el gran indagador de la conducta humana. Nada mejor para la política que entretenernos con lo liviano para distraernos de lo importante, nada peor para nosotros que sabernos dueños de nuestro destino. ¿Es que estamos ciegos?

Chaves Nogales no estaba ciego, a pesar de que una ceguera colectiva se instaló a su alrededor. A veces no se trata tanto de cambiar el mundo como de comprenderlo, para poder manejarlo. El pasado es un lujo que ya no podemos permitirnos, solo tenemos tiempo para construir el presente, ni siquiera el futuro.

 

Kike Cortés de Abajo es el Director de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública SKR/UAX, el cofundador de SKR Preparadores y Administrador Civil de Estado (en excedencia). Antes de asumir el liderazgo de la Escuela de Gobierno, trabajó durante más de 20 años en el sector público en distintos puestos en Presidencia de Gobierno, Ministerio del Interior y en las Administraciones Exteriores en las que el último cargo que ocupó fue el de Consejero de Educación para América Central, México y Caribe. En sus ratos libres, lee mucho y hace el tequila Tantita Pena, que como él dice es «del bueno».