Carta del director_  KIKE CORTÉS DE ABAJO

En la primavera de 1929 John Maynard Keynes visitaba la casona de Victoria Ocampo en San Isidro, una idílica localidad cercana a Buenos Aires. En ese precioso lugar, la aristócrata y escritora argentina pretendía emular al Grupo de Bloomsbury reuniendo a la pujante intelectualidad europea.  Por esas mismas campas, en la rivera del Río de la Plata, paseaba Quino cuando le hicieron su primer encargo creativo: una campaña de publicidad de una marca de electrodomésticos.

El primero dejó en esa reunión sus revolucionarias contribuciones que desafiarían el paradigma económico hasta entonces dominante; el segundo modelaría a una niña quisquillosa que detestaba la sopa y que ha sido el trago matutino de frescura en los diarios de medio mundo en los últimos 50 años -aquella campaña nunca se lanzó y afortunadamente Mafalda no es el logo de un lavaplatos sino la filósofa de cabecera de muchos de nosotros.

Hace casi un siglo de aquello y a pesar de los embates frente a su Teoría macroeconómica, hoy los hombres de Estado y los mandamases del gobierno económico mundial (y nacional) le quitan el polvo a los libros de Keynes para tratar de capear el temporal de la crisis. Parece escucharse al propio Keynes, cuando con su flema británica de bombín, advertía a los líderes que prometían un nuevo sol que «los hombres que se creen exentos por completo de cualquier influencia intelectual, son generalmente esclavos de un economista muerto». Ese economista difunto es hoy él mismo. El propio Milton Friedman, adalid del liberalismo, confesó que, cuando se avecinan las grandes crisis, «todos deberíamos ser keynesianos».

Keynes advertía a los líderes que prometían un nuevo sol que «los hombres que se creen exentos de cualquier influencia intelectual son generalmente esclavos de un economista muerto»

En las grandes crisis, como la actual, se esfuman las certidumbres y hay que reescribir las reglas. Las inyecciones masivas en la economía por parte de los estados, los incentivos económicos masivos, el endeudamiento colosal y los estímulos públicos ante el desplome económico han hecho que nos estemos introduciendo en una nueva etapa económica en la que se vislumbra un nuevo capitalismo patrocinado por los Estados. Keynes is back!, al menos, de momento.

A pesar de que muchos lo confunden, Keynes no era un revolucionario anticapitalista de pelo largo y barbas desarregladas sino un aristócrata, conservador, con bigote cuidado que creía a pies juntillas en el capitalismo. Nada nuevo bajo el sol. También abogaba por el deber del Estado, de lo público, de embridar los instintos salvajes del mercado para canalizarlos hacia el bienestar social.

Pero, aunque el capitalismo, decía Lord Keynes, sea el único sistema que funciona, periódicamente se sale de los raíles. En la crisis actual, a diferencia de la anterior en que fueron sus propios excesos, ha sido un pequeño bichito de unos 50 nanómetros el que ha puesto patas arriba nuestro modelo económico y con él nuestro sistema de convivencia. Y sólo vemos la punta del iceberg delante de nuestras narices.

Tres mil millones de personas en el mundo han tenido que quedarse quietas y encerradas y con ello la caída a plomo de la actividad ha puesto en evidencia nuestras debilidades

Pero este capitalismo ya no es el que era. Ha entrado definitivamente en una nueva etapa; ya no es el capitalismo industrial, financiero o corporativo de antaño; ahora se trata de un nuevo capitalismo, del capitalismo de los datos, el mismo que consigue convertir nuestros deseos y pensamientos en plusvalías (Byung-Chul). Hoy hasta una conversación inocente con un amigo ha pasado a ser un modelo de negocio para las redes sociales (Tim Wu).

Es un capitalismo de ficción (Lipovetsky), en el que el modelo de negocio de las plataformas se basa en la publicidad y su eficacia depende del tiempo que pasamos ante ella. Las redes se han convertido en depredadoras de nuestro tiempo y nuestro tiempo en su juego de intereses. Estamos en su bucle de economía circular ;-), desesperados por encontrar la salida.

«Hay décadas en las que no pasa nada y semanas en las que pasan décadas», decía el revolucionario Lenin. Nuestro tiempo se había acelerado de tal forma que parecía que el progreso era una tendencia imparable. Nada más lejos de la realidad.  De repente el mundo ha entrado en hibernación. Es como si unos frenos gigantes detuviesen las ruedas del sistema económico. Tres mil millones de personas en el mundo han tenido que quedarse quietas y encerradas y con ello la caída a plomo de la actividad ha puesto en evidencia nuestras debilidades. Nuestra debilidad. Esperamos, anestesiados y trémulos, que la realidad vuelva a defraudar a los apocalípticos.

Vivimos, en el plano económico en un momento histórico de desaceleración, eso es evidente, pero ¿entramos en una etapa de desglobalización?, se preguntan los economistas, mientras buscan en los libros de historia -sin encontrar nada igual- un esquema o modelo anterior que nos de pistas de dónde están las respuestas (Tooze). Pero, las respuestas, my friend, hoy más que nunca, «are blowing in the wind» (Dylan).

La incertidumbre se ha impuesto y con ello una sensación de fragilidad se ha posado en nuestro horizonte como un negro nubarrón que presagia la tormenta perfecta

La incertidumbre se ha impuesto y con ello una sensación de fragilidad se ha posado en nuestro horizonte como un negro nubarrón que presagia la tormenta perfecta. La economía, como la política y la sociedad, es una arista del triángulo que guía nuestro sistema. De que todas funcionen correctamente y el triángulo equilátero se cierre de manera compacta depende que no se deje la espita abierta para que se desate la caja de los truenos.

Como hicimos en las entradas anteriores (puede volver a leer el paso 1: la sociedad y el paso 2: la política), puede ser -tal vez no- el momento de tratar de apuntar algunas de las piezas -solo algunas- de ese puzzle que conforma la economía. Podemos también aventurarnos -o estrellarnos, quién sabe- en este ejercicio de diseño de la economía pre COVID, la economía while COVID y la economía post COVID, si es que queda algo- ¡venga, no seamos pesimistas! La ruleta está en marcha, ¡juguemos!, ¿Juegas? Vamos.

Agitación (Economía pre COVID)

  • ¿Replanteamiento del capitalismo?– Después de la Gran Recesión los líderes políticos, recogiendo el guante de los economistas, se apresuraron a proponernos repensar el capitalismo. Un capitalismo de nueva piel: más humano, más equitativo, menos codicioso (Roubini, Stiglitz, Milanovic, Costas)… Aún seguimos esperando.
  • Geometrías muy variables.– El mundo se aplanó (T. Friedman) pero el mundo no se entiende sin las diferencias de renta, de desarrollo y de actividad económica. Mientras para algunos se agotaba un modelo (EEUU, Occidente), para otros sigue siendo la salvación (África, Asia).
  • «El mundo según China».- China desbancó a Estados Unidos en el ranking de intercambios comerciales y deslizó el eje económico del mundo hacia Oriente. La economía se empezaba a leer con caracteres chinos, nos guste o no. Así es.
  • Suministros just in time.Se ajustó hasta la extenuación la cadena global de suministros, desgastando hasta el límite la línea de valor….hasta que estalló.
  • Economía colaborativa.– Bajo ese bonito nombre y con el apalancamiento tecnológico se ensayaba una economía sin intermediarios. Conectando los puntos (Steve Jobs) se consiguieron récords de precariedad laboral.
  • Aceleración Digital.– Las empresas tecnológicas han acelerado su presencia impactando directa e indirectamente en todo el tejido empresarial y estresando nuestra capacidad de adaptación. Los robots no se estresan, dicen los creyentes.
  • Estados débiles/Empresas fuertes.- Facebook, Microsoft, Apple, Coca-Cola tienen juntas más facturación que los 100 países de la cola del planeta juntos. ¿Quién es David y quién es Goliat?
  • ¿Fin del trabajo?– Rifkin se apresuró en decretarlo, pero lo cierto es que hay un paulatino cambio de patrones de trabajo. Se clausura la época de los artesanos (Sennet) y se da la bienvenida a la inteligencia artificial entre aplausos de miedo e incertidumbre.
  • Desigualdad.– El 1 por ciento más rico del mundo posee el 50 por ciento de la riqueza ¿ realmente es sostenible?. La curva del elefante (Milanovic) se hizo viral y, sin embargo, nadie se percató de doblegar esa otra curva descomunal de desigualdad.

Pausa (Economía while COVID)

  • Desplome económico.– Lo nunca visto: un shock de oferta y demanda al mismo tiempo. Caída en vertical de la actividad económica: entre un 8 y 20% del PIB (cifras postbélicas). El cisne negro de Taleb sobrevuela plácidamente y descarga sus heces sobre nuestras cabezas -perdón-.
  • Hibernación.– La economía ha sido sometida a un «coma inducido» (Krugman) del que no sabemos cómo despertará ni cuándo.
  • Destrucción de empleo.– No es que se desplacen a otro lugar, sencillamente se han volatilizado. Trabajos sin hacer que no volverán.
  • Fracaso de la cadena de suministros.– El just in time ha vuelto como un boomerang envenenado en la cadena de suministros sanitarios.
  • Ganadores vs. Perdedores.– En todas las crisis, dicen, que los hay. Una apuesta:  Ganadores (populistas, empresas digitales sin valor agregado, logísticas, pitonisos, embaucadores) Perdedores (empresas de valor agregado, estado del bienestar, trabajadores, sociedad, instituciones, democracia). ¿Gana alguien, de verdad?
  • Aceleración digital.– La digitalización de los procesos empresariales se ha acelerado de tal forma que se ha conseguido en 6 meses lo que no se había hecho en 10 años. No hay mejor salsa que el hambre, decía Cervantes.
  • Estados Fuertes vs. Estados Débiles.– No es lo mismo ser ciudadano de Alemania, Noruega, Estados Unidos o de Inglaterra que de Argentina, Bolivia, México o Irak. Y aún hay alguien que critica la construcción europea.
  • Endeudamiento.- «Si te debo una libra tengo un problema, si te debo un millón el problema es tuyo» (Keynes) . Nosotros ya debemos mucho, nos debemos mucho.

Incertidumbre (Economía post COVID)

  • ¿Desglobalización?– Iremos más bien a una globalización menos física y más digital, serán los bits y los datos los que viajen más que los bienes y las personas.
  • Economía Local.– La economía de cercanía es una buena solución para doblar la curva vaporosa de la cadena de suministros global. ¿Sabremos priorizar la lechuga del huerto cercano frente a las algas deshidratadas de Taiwan sin dejar de ser cool?
  • Economía del Bienestar.– Hecho añicos el sueño postrero de los Estados del Bienestar tendremos que reconstruir el pacto entre Estado, mercado y sociedad.
  • Destrucción creativa.– La ruptura tecnológica puede llevarnos a un estadio superior si seguimos las enseñanzas de Schumpeter o a estrellarnos ante el muro de la desesperanza.
  • Economía digital/Smart Economy.– Llega la globótica y con ella el magma incandescente de datos.
  • Presencia del Estado.– Los Estados se juegan en la salida de la crisis su pervivencia como marco de convivencia y estructuras de control de la dinámica económica.
  • Empresas responsables.– Ya no vale, al menos no sólo, la maximización del beneficio ( Friedman) como objetivo único. El ensamblaje de las empresas con el entorno social incorpora a la cuenta de resultados la ética y la corresponsabilidad.
  • Un nuevo modelo de trabajo.– Nunca antes se había visto tan claramente que el modelo de trabajo está agotado. La productividad y la presencia corren caminos diferentes.
  • Una nueva fiscalidad adaptada.– ¿ Pagarán los robots impuestos?. No lo duden, y no protestarán 😉

Jhon Maynard Keynes murió en 1946 y no pudo ver cómo sus enseñanzas ayudarían a salir de muchas crisis y a generar la conciencia económica para la construcción de los Estados del Bienestar Europeos. Quino falleció el mes pasado, pero nos dejó la mejor filosofía cotidiana para esta y cualquier crisis en las tiras de Mafalda -háganse un favor y léanlas.

Gracias Jhon. Hasta siempre mi adorado Quino. ¡Cébense un buen mate juntos dondequiera que estén!

 

Kike Cortés de Abajo es el Director de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública SKR/UAX, el cofundador de SKR Preparadores y Administrador Civil de Estado (en excedencia). Antes de asumir el liderazgo de la Escuela de Gobierno, trabajó durante más de 20 años en el sector público en distintos puestos en Presidencia de Gobierno, Ministerio del Interior y en las Administraciones Exteriores en las que el último cargo que ocupó fue el de Consejero de Educación para América Central, México y Caribe. En sus ratos libres, lee mucho y hace el tequila Tantita Pena, que como él dice es «del bueno».

 

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