MIGUEL ÁNGEL MARTÍN

En su último informe sobre los «Trabajos del Futuro», el Foro Económico Mundial hace especial énfasis en el hecho de que nos encontramos en un momento decisivo porque la incertidumbre desatada por un acontecimiento inédito como la crisis sanitaria del COVID-19 y su impacto económico van a condicionar la vida de las próximas generaciones.

Por este motivo, el Foro Económico Mundial considera imprescindible proceder a un Reajuste Global (Global Reset) «que nos conduzca a un sistema socioeconómico más justo, sostenible y equitativo en el que se refuerce la movilidad social, se restaure la cohesión social y la prosperidad económica sea compatible con un planeta que goce de buena salud».

El informe proporciona una visión general de la creciente e imparable relevancia de las nuevas tecnologías en el ámbito laboral, de los nuevos trabajos y competencias y su indudable potencial disruptivo, así como de los inevitables procesos y estrategias que, a gran escala, deberán acometerse para la recualificación de la fuerza laboral de todas aquellas empresas y organizaciones que quieran estar en las mejores condiciones para hacer frente a los retos del futuro.

A juicio del citado organismo, el elemento clave para lograr este objetivo es el más preciado de los activos de cualquier sociedad u organización: su capital humano, las personas que las constituyen. Urge, en consecuencia, adoptar las medidas precisas y destinar los medios necesarios que hagan posible estimular su formación y desarrollar su cualificación y competencias como palanca fundamental del éxito económico, del bienestar y la realización individual y, a la vez, de la lucha contra la desigualdad.

Se trata, sin duda alguna, de una propuesta con un enfoque que, cargado de humanismo, hace de la persona el eje central de cualquiera de las iniciativas de cambio y transformación que el Foro Económico Mundial propone para llevar a cabo ese «reseteo global» que, a su juicio, es ineludible.

En un post anterior, se subrayaba, igualmente, la importancia de las personas y la necesidad de un nuevo management humanista que, centrado en ellas, sea capaz de poner fin a la dinámica de deshumanización de las organizaciones de nuestro tiempo.

A tal fin, se proponía un paradigma de dirección estoica cuyas competencias básicas configuran un modelo de indudable factura humanista, porque todas ellas (pensar en términos estratégicos, aprender y perfeccionarse, extraer lo mejor de las personas, y concentrarse en resultados y en el impacto de lo que hacemos sobre la comunidad) tienen que ver con el hombre como sujeto y objeto de una acción que, como su entorno, se rige por el más humano de los atributos; la razón.

En ese mismo post, se abordaban, además, las razones por las que se considera vigente el estoicismo en la actualidad y, en particular, en el mundo de la dirección y gestión de organizaciones.

Entre ellas, se destacaban: la analogía de contextos históricos (de la situación actual, con la de la Roma estoica de principios de nuestra era), la reivindicación del estoicismo por la filosofía contemporánea (mediante el souci de soi o «cuidado de sí» propuesto por Michel Foucault), la compatibilidad de la filosofía estoica con las recomendaciones de los Critical Management Studies, una corriente de pensamiento e investigación que procede del propio ámbito del management, la indiscutible convergencia de las recomendaciones de destacados autores del estoicismo romano (la sabiduría estoica) con las propuestas de algunos de los más notables clásicos del management contemporáneo (la sabiduría directiva) o la coincidencia de los planteamientos de la filosofía estoica con iniciativas, de corte racional y humanista, como la del Manifiesto para un Management Mejor.

A estas razones, podríamos añadir alguna más como:

  • La existencia de un ejemplo muy concreto y especialmente relevante como el de Steve Jobs (al Jobs estoico, el «héroe de Apple» se ha dedicado un post precedente) que acredita un liderazgo indiscutiblemente brillante y una trayectoria de éxito rotundo en el ámbito empresarial, aplicando los consejos del repertorio estoico.
  • La coincidencia entre las ideas centrales de la educación liberal (que informa el modo de ser y de pensar de los países anglosajones y que ha ejercido una poderosa influencia sobre los autores del management que configuran la sabiduría directiva) con la defensa estoica de la razón.

Además de todas las razones aducidas, se puede afirmar que la validez y actualidad del estoicismo en el complejo mundo relacional, tecnológico y global de nuestros días ha sido claramente avalada por el informe del Foro Económico Mundial al que nos referíamos al comienzo de este artículo.

Efectivamente, si además de constatar la coincidencia en la necesidad de un enfoque general humanista y centrado en las personas para reorientar el rumbo de las comunidad mundializada en la que vivimos, analizamos las competencias emergentes (emerging skills) que, según dicho informe, marcarán de manera decisiva las necesidades del mercado de trabajo en los próximos años, podemos comprobar que, excluidas las relacionadas con las nuevas tecnologías, se destacan una serie de destrezas o habilidades de carácter multifuncional o transversal que coinciden con las competencias centrales del que se ha denominado como paradigma de dirección estoica.

Entre los grupos de competencias que, según el Foro Económico Mundial, se demandan con mayor intensidad actualmente deben destacarse las siguientes:

Critical thinking

El pensamiento crítico es la capacidad para pensar racionalmente y con claridad, para descubrir la conexión lógica entre los diferentes elementos que configuran nuestro entorno o circunstancia, para no dejarse confundir por las apariencias que enmascaran la realidad y para plantearse preguntas y cuestionarse los hechos sin asumirlos ni darlos nunca por válidos sin una reflexión y un análisis previos.

El critical thinking, en definitiva, no es otra cosa que la capacidad de cuestionarse lo dado y supone una reivindicación y defensa de la que los estoicos consideraban la facultad humana por excelencia, la razón.

Según el estoicismo, la razón nos permite, por una parte, tener una visión de conjunto o estratégica porque el mundo se concibe como un sistema integrado y ordenado cuyas partes están conectadas y sometidas a la ley natural de la razón, de acuerdo con la cual se producen los acontecimientos.

Por otra parte, la razón garantiza que esa aprehensión integral de la realidad se vea libre de falsas representaciones que pueden distorsionar la imagen que nos hacemos del contexto en el que se desarrolla nuestra existencia. La razón impone una peculiar estructura o mecánica mental (compositio mentis, según Séneca) e interviene siempre en la valoración de los datos e información que nos llegan desde el exterior de manera que impide que nos dejemos llevar por los impulsos, las pasiones, las primeras impresiones, las meras opiniones o las apariencias.

Por tanto, nuestra adaptación a la realidad ha de ser, necesariamente, racional porque sólo así es posible una adecuada percepción de las situaciones a las que nos enfrentamos y, en consecuencia, la toma de las decisiones más adecuadas en cada momento.

Además, el critical thinking supone una recuperación de lo que, Alan Bloom, denominaba «la contemplación de Sócrates» que se encuentra en los orígenes del estoicismo y de la educación liberal anglosajona y se basa, igualmente, en; la reflexión y el buen uso de la razón, la práctica del diálogo y el cuestionamiento y análisis de cuanto nos rodea mediante el planteamiento de las preguntas adecuadas.

La contemplación de Sócrates hace posible la autonomía de nuestro pensamiento, nos dota de una opinión o criterio personal que, no sólo nos ubica correctamente en nuestro entorno, sino que nos proporciona una visión sistémica, real y ajustada del mundo en el que vivimos, haciendo de nosotros ciudadanos y profesionales libres y responsables.

El critical thinking está relacionado con las dos primeras competencias del paradigma de dirección estoica: pensar en términos estratégicos y aprender y perfeccionarse (siempre mediante la reflexión y la razón).

Self management

El self management o «gestión de uno mismo» tiene como divisa fundamental la de que: «para gobernar o dirigir a otros es preciso, previamente, ser capaces de gobernarnos a nosotros mismos». Lleva, en consecuencia, aparejado un alto grado de autoexigencia, de autoconocimiento y de autocontrol que implica un proceso continuo de mejora personal que nos obliga a ser coherentes con nuestros principios y valores como guías de nuestra conducta. Sólo obteniendo lo mejor de nosotros mismos, mediante este trabajo cotidiano centrado en la mejora propia, podremos obtener lo mejor de los demás, motivarles e influir sobre ellos ejerciendo un liderazgo efectivo.

Precisamente, la filosofía estoica nos invita a un constante diálogo interior que nos permita alcanzar la virtud en armonía, como hemos visto, con la razón que es la ley natural universal. La vida interior es una pieza clave para la consecución de dicho fin y se entiende como algo dinámico, como meditación y reflexión en progreso, como un permanente «tender hacia» y no, como algo estático, como un equilibrio ya alcanzado. Los estoicos consideran la virtud, al igual que Aristóteles, como un hábito, como el trabajo de toda una vida. Para el gran filósofo griego: «Toda virtud es un hábito acompañado de razón».

 El estoicismo reivindica el «cuidado de sí» (que, a través de Foucault, recupera la filosofía contemporánea) cuyo eje es una preocupación constante por mejorar, aplicando, un conjunto de técnicas muy determinadas (askesis) que facilitan ese perfeccionamiento y que permiten a la persona alcanzar la serenidad, la estabilidad, la apatía estoica que nos ayuda a afrontar el devenir de los acontecimientos de la vida en las mejores condiciones posibles. La cura sui estoica o «cuidado de sí» haría posible una de las competencias que el Foro Económico Mundial integra dentro del grupo del self management, la resiliencia (resilience, stress tolerance and flexibility), un concepto de moda que, en mi opinión es profundamente estoico, y que se refiere, según la definición de Enrique Rojas, a: «la capacidad para superar las dificultades y los reveses de la vida sin quedarse atrapados en el sufrimiento y el dolor».

Las personas resilientes son, a partes iguales, resistentes y flexibles, una combinación que les permite encarar las circunstancias más difíciles, adaptándose a la situación y asumiéndola de una manera realista, una disposición que supone un buen punto de partida para superarla.

El modelo estoico de comportamiento es el de la lucha, el de la acción y el compromiso para ser mejores y para ofrecer nuestro mejor «yo» a la comunidad en la que nos integramos. El estoicismo plantea una ética que se vincula con el esfuerzo y el trabajo constantes para lograr una excelencia en la manera de vivir en una doble dimensión: por una parte, progresando hacia el conocimiento de la realidad y del entorno y, por otra, avanzando también en el conocimiento y el dominio de nosotros mismos. No en vano, afirmaba Séneca que: «La felicidad que no ha sido sometida a pruebas no sabe sufrir golpe alguno. Pero a quien ha sufrido continuas contrariedades, los obstáculos le curten y no se rinde a los infortunios; hace frente al mal y aunque caiga, sigue luchando cuerpo a tierra».

También como competencia integrada dentro del self management, el informe del Foro Económico Mundial hace especial énfasis en el active learning que puede interpretarse en un doble sentido. En primer lugar, supone un aprendizaje activo o participativo en el que el alumno no es un mero sujeto pasivo que se limita a recibir conocimientos, sino que es parte activa de un método basado en el diálogo y el intercambio y puesta en común de opiniones y conocimientos, un método (la mayeutica) propio de socráticos y estoicos.

En segundo lugar, el active learning es un aprendizaje orientado a la acción, es decir, se trata de aprender haciendo y de aprender para hacer, una concepción del proceso formativo quie se alinea con una de las corrientes de formación más relevantes en el ámbito del management, denominada learning by doing o learning by action y también conocida como enfoque AMA (aprendizaje mediante la acción).

La idea central del promotor de dicho enfoque, Roger Schank, es la de que la formación no puede ser, fundamentalmente, teórica, sino que debe basarse en el aprendizaje natural, según el cual se aprende haciendo las cosas, poniéndolas en práctica. A este respecto, el más estoico de los clásicos del management contemporáneo, Stephen Covey, afirma con rotundidad que lo importante es aplicar lo que se aprende porque: «Aprender y no hacer no es realmente aprender. Saber y no hacer no es realmente saber».

Es un planteamiento en el que existe una total identidad con la llamada a la acción estoica de una de sus máximas más conocidas: facta non dicta, es decir: «hechos y no palabras». Como anticipación de ese facta non dicta del estoicismo, ya Aristóteles afirmaba en su Ética a Nicómaco que: «El hombre se hace justo por la práctica de actos de justicia y temperante por la práctica de actos de templanza, sin este ejercicio nadie estaría siquiera en el camino de hacerse bueno. Pero los hombres, en su mayoría, no proceden así, refugiándose en la teoría se imaginan hacer obra de filósofos y que por este medio serán varones perfectos». Se trata, como gráficamente afirmaba Lope de Vega en su Égloga a Claudio, de pasar «de las musas al teatro».

La filosofía estoica es, en definitiva, una filosofía para la acción que, gobernada por la razón, está al servicio de la comunidad. Su objeto no es limitarse a la mejora personal y al conocimiento de uno mismo, sino que esa actividad individual de perfeccionamiento constituye un entrenamiento constante para asumir nuestras responsabilidades con los demás, desempeñando, adecuadamente, el papel que nos corresponde como parte de la sociedad en la que nos integramos.

El self management se vincula con la segunda competencia del paradigma directivo estoico: aprender y perfeccionarse.

Working with people

El trabajo con gente o en equipo exige una serie de destrezas o competencias que hagan posible relacionarse fluidamente con los demás mediante una comunicación eficaz (se aborda más específicamente, a continuación, en el apartado dedicado a las core literacies), una escucha activa y una actitud ejemplar que sea consecuente con los valores y principios que deben regir nuestra conducta.

Peter Drucker afirmaba que la tarea prioritaria del directivo es la educacional, su principal responsabilidad no es otra que sacar lo mejor de las personas con las que trabaja. A tal fin, ha de ser receptivo y sensible a sus expectativas y debe, a la vez, ser capaz, desde su ejemplaridad y valiéndose de una comunicación eficaz, de trasladar una visión y unos objetivos que sean compartidos, motiven y atraigan voluntades.

En relación con todo ello y como se ha señalado ya, el estoicismo está cargado de humanismo porque acuña un concepto que lo informa completamente, el concepto de humanitas que, basándose en el hecho fundamental de compartir una misma naturaleza racional y social, defiende la igualdad de todos los hombres y su solidaridad. La humanitas, en el ámbito más próximo de las relaciones interpersonales, supone un reconocimiento de la personalidad de nuestros semejantes y, en consecuencia, implica; transigencia, dominio de sí, diálogo, receptividad, simpatía (proximidad) y consideración con los demás.

Desde el estoicismo, se predica una actitud abierta, flexible, asertiva, dialogante y colaborativa. Una actitud, en definitiva, relacional que nos conecte con nuestros semejantes y estimule una colaboración eficaz que garantice el interés general y el bienestar de la comunidad.

El working with people está relacionado con la tercera competencia del paradigma de dirección estoica: extraer lo mejor de las personas.

Service orientation

La orientación al servicio es la capacidad de anticipación de las expectativas y necesidades de los clientes/ciudadanos en la que se basa la oferta de un producto o la la prestación de un servicio de calidad e implica, igualmente, una orientación a resultados.

No debemos, sin embargo, confundir o identificar la orientación a resultados con la cuenta de resultados, atendiendo exclusivamente a los efectos económicos y los ingresos de la organización, sino que se debe también considerar el impacto de la actividad empresarial sobre la comunidad en términos de responsabilidad social corporativa.

A este respecto, afirma Drucker que: «Hasta la más privada de las empresas es un órgano de la sociedad y cumple una función social«. Su razón, el núcleo duro de su ser, es el impacto sobre los demás, sobre la comunidad, sobre la sociedad de la que forma parte y en la que cobra todo su sentido.

Las organizaciones y sus directivos deben, por tanto, asumir una responsabilidad pública que trasciende a la del negocio concreto.

Esta perspectiva es, igualmente, la de filosofía estoica que, efectivamente, es una filosofía de perfeccionamiento personal, pero que, en modo alguno, implica el aislamiento del individuo porque, a la vez, es una filosofía de compromiso social y de participación en los asuntos públicos. No se trata de una filosofía contemplativa, sino que, como hemos dicho, es una filosofía para la acción (facta non dicta), una filosofía de servicio a la comunidad (omnia vita servitium est) que se ha llegado a calificar, incluso, como una filosofía de gestión. Su objeto no es limitarse a la mejora personal y al conocimiento de uno mismo, sino que esa actividad individual de perfeccionamiento constituye una preparación para trabajar en favor de la comunidad.

Los estoicos defienden, ante todo, la proyección social del individuo mediante un ideal de vida que, como destacan García-Gual e Imaz: «elogiaba la cooperación, la fraternidad de todo el género humano, y que comportaba una teoría de los deberes del ser humano en la sociedad».

El estoicismo, reconduce de esta manera el individualismo que caracteriza a su época (como a la nuestra) con un esfuerzo por dar a su filosofía un contenido social, por informar la vida de la comunidad con un sentido humanitario (y racional) que encaja, a la perfección, con la humanitas estoica formulada por Cicerón, un sentido que invita a la colaboración entre iguales (la comunidad de seres racionales) que es imprescindible para generar complicidades que hagan posible la consecución de metas compartidas, objetivo último de cualquier sociedad u organización.

La service orientation se vincula con la cuarta de las competencias del paradigma de dirección estoica: orientación a resultados.

Core literacies (o competencias de expresión y comprensión clave)

Aunque existen diferentes acepciones para el concepto de literacy, en el contexto del informe del Foro Económico Mundial se refiere al dominio o buen manejo de diferentes destrezas en el ámbito laboral que, en la actualidad, están relacionadas con una adecuada expresión y comprensión oral y escrita (literacy), con el manejo de determinadas destrezas numéricas y matemáticas (numerical literacy), con la capacidad para entender los mensajes que se difunden en los media (media literacy), así como con la aptitud en el uso de las nuevas tecnologías (digital literacy), sus diferentes dispositivos y canales y su empleo crítico y creativo en la resolución de problemas.

Nos vamos a centrar en la competencia nuclear de este conjunto de destrezas esenciales para un desenvolvimiento eficaz en el ámbito laboral de nuestro tiempo, la relativa al uso de la palabra. Trascendiendo una perspectiva meramente funcional, ésta no se limita a la capacidad de leer, escribir y hablar (también de saber escuchar), sino que su importancia radica en dos aspectos que, desde una perspectiva estoica, son fundamentales:

  • En primer lugar, porque se trata de una habilidad que es profundamente humana y está, inextricablemente, asociada a la razón como principal rasgo definitorio de nuestro género. (De hecho, el concepto griego de logos puede ser a la vez entendido como razón o como palabra).
  • En segundo lugar, porque nos conecta con nuestros semejantes y nuestro entorno, nos hace conscientes de formar parte de él y, en consecuencia, nos convierte en responsables, en menor o mayor medida, de su evolución.

En el ámbito laboral y particularmente en el caso del directivo por su posición en la organización, para tener influencia sobre los miembros de la organización y para liderar de una manera efectiva, es imprescindible saber comunicarse y manejar la información que constituye su principal herramienta de trabajo.

Es preciso, darse cuenta del valor de la palabra tanto para crear motivos, para guiar, para organizar, para transmitir nuestro pensamiento como para recibir, conocer y valorar las ideas, aportaciones y expectativas de los demás.

En palabras de Drucker: «El gerente debe comprender el significado de la antigua definición de retórica como el arte que atrae al corazón de los hombres hacia el amor al conocimiento verdadero. Sin capacidad para crear motivos por medio de la palabra escrita o hablada o del número expresivo, un gerente no puede tener éxito».

También los estoicos insisten en la importancia y el valor de la palabra como medio para perfeccionarnos y conocernos, para percibir y definir nuestro entorno libre de distorsiones, para comunicarnos y aproximarnos a los demás y, en definitiva, para asumir nuestras responsabilidades con la comunidad. Por ello, definen una ciencia del logos, una ciencia del discurso racional que comprende a la vez pensamiento y lenguaje, es decir, se refiere, por una parte, a la comprensión de las cosas y su conocimiento como realmente son y, por otra, a la buena expresión de los razonamientos. García-Borrón lo ha resumido magistralmente al afirmar que las principales preocupaciones de los estoicos eran «ver con claridad y decir con precisión».

Al hablar del «cuidado de sí», ya se ha dicho que éste se concibe como una tarea permanente dotada de ejercicios y técnicas concretas que forman parte de lo que se ha denominado como la askesis entre las que destacan no pocas vinculadas con el uso del lenguaje, básicamente: la lectura, la escritura y la oratoria. Para los estoicos, el buen uso del lenguaje y una actitud dialogante y de escucha activa son herramientas fundamentales para compartir una correcta visión del mundo, para relacionarnos y comunicarnos eficazmente en sociedad y para aproximar posturas y ganar voluntades.

Las core literacies están asociadas a la segunda y tercera competencias del paradigma de dirección estoica: aprender y perfeccionarse y extraer lo mejor de las personas.

Physical abilities (o aptitudes físicas)

La eficacia, tanto de sus máximos responsables (los directivos) como del conjunto de los empleados de cualquier organización, exige que cuenten con una serie de capacidades físicas que, aunque puedan variar en función del tipo de actividad que se desarrolle, son esenciales para un buen desempeño de las funciones y tareas que les competen.

 Stephen Covey insiste en la necesidad de que el individuo, especialmente el directivo, se someta a un proceso constante de renovación y de permanente inversión en sus capacidades que él denomina como «afilar la sierra».

A tal fin, es preciso cultivarse en un proceso integral de mejora permanente (muy semejante al «cuidado de sí» estoico) de las que considera las cuatro dimensiones inseparables de la persona (la física la espiritual, la mental y la social) y en el que la dimensión física, que complementa a las demás, es clave para desarrollar nuestra resistencia, fuerza y flexibilidad.

También Whetten y Cameron, al referirse al concepto de elasticidad, vinculado con la realización de una pluralidad de actividades que favorezcan la productividad y reduzcan el estrés, destacan la importancia de disfrutar de una buena condición física y corporal que contribuya al mantenimiento de nuestro equilibrio general en línea con el viejo aforismo latino de mens sana in corpore sano.

Dicho aforismo (textualmente en latín es: Orandum est ut sit mens sana in corpore sano), procede de la Sátira X de Juvenal y es, sin duda, una recomendación inconfundiblemente estoica, toda vez que, en el momento en que Juvenal la escribe (en el tránsito del S I al S II d. de C.) se han consolidado en Roma los cambios políticos, económicos y culturales que la transformarán por completo y el estoicismo ha permeado completamente en la forma de entender la vida de los romanos.

Su correcta interpretación (que va bastante más allá del mero consejo healthy en el que se ha convertido en nuestros días y que se asocia con la necesidad de vivir de una forma saludable) debe tener en cuenta la visión integral y sistémica que de todo, y también del individuo, tienen los estoicos y que exige que cada uno de nosotros se esfuerce y trabaje para vivir en un estado de permanente equilibrio que afecte globalmente a los diferentes elementos que configuran a la persona (tanto a su alma como a su cuerpo) renunciando a los excesos y las pasiones (tanto en lo físico como en lo espiritual), optando por la serenidad (la apatía estoica), la sensatez, la fortaleza ante las adversidades y, en definitiva, por la virtud ( que es razón) que nos hace libres.

Si se completa la lectura de la cita, se comprende cuál es su verdadero sentido y alcance: «De todos modos, si acaso les pides algo [a los dioses]… suplica en tus oraciones tener una mente sana en un cuerpo sano. Pide un corazón valeroso, libre del temor a la muerte, que ponga el tramo final de la vida entre los dones de la naturaleza, que pueda soportar cualquier fatiga, no sepa encolerizarse, no ansíe nada y considere las penalidades y crueles trabajos de Hércules preferibles a los placeres del amor, a los banquetes y colchones de Sardanápalo. Te indico algo que tú puedes conseguir por ti mismo. Es evidente que, a través de la virtud, se abre el único camino hacia una verdad serena«.

Como nos recuerda Braicovich, el problema de la salud del alma para los estoicos no se puede abordar sin considerar la materialidad de los procesos que se dan en ella y que dependen de factores tan heterogéneos como la alimentación, el clima o el entorno físico del individuo. La salud del alma está condicionada o, al menos, claramente influida por la salud del cuerpo y, por este motivo, la exhortación a cuidar nuestro cuerpo es perfectamente comprensible.

Las physical abilities se vinculan con la segunda competencia del paradigma de dirección estoica: aprender y perfeccionarse.

Podemos, en definitiva, concluir que el Foro Económico Mundial, con la reciente publicación, a finales de 2020, de la tercera edición de su informe «Trabajos del Futuro», ha venido a corroborar la validez y plena actualidad de las recomendaciones de la filosofía estoica en el ámbito laboral y en el de la dirección y gestión de organizaciones por su coincidencia con ella, tanto en su recomendación de un enfoque humanista integral que nos conduzca a un sistema socioeconómico más justo, sostenible y equitativo para todos, como en la necesidad de estimular una serie de capacidades de naturaleza transversal o multifuncional que coinciden con las competencias básicas del paradigma de dirección estoica, toda vez que constituyen eficaces herramientas para afrontar los retos de un complejo contexto que, como el actual, se caracteriza por la máxima incertidumbre.

 

FOTO: freepik.es creada por @jannoon028

 

Miguel Ángel Martín es Administrador Civil del Estado, miembro del claustro de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública SKR/UAX y autor del libro El directivo estoico: ¿Nueva o vieja gestión de la res publica

 

 

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