Los alumnos de SKR que obtuvieron plaza en la Oferta de Empleo Público 2018 ya son empleados públicos. Un sueño cumplido y una nueva vida tras su toma de posesión. La pregunta del millón es: ¿Merece la pena el camino que debes recorrer?

AINHOA LEÓN

Hasta hace unos meses eran alumnos de SKR, hoy son empleados públicos de la Administración del Estado. Una meta satisfactoriamente alcanzada, pero con un camino pedregoso y largo. Charlamos con dos de los nuevos miembros del Cuerpo de Gestión de la Administración del Estado (CGACE). Adela Delgado, graduada en Sociología y Ciencias Políticas, ahora es Gestora en la Subdirección de Planificación y Costes de Recursos Humanos en el Ministerio de Defensa. Nicolás Álvarez, licenciado en Derecho, ocupa ya el puesto de Jefe de Sección de la Oficina de Asilo y Refugio, dependiente del Ministerio del Interior.

«Los cuerpos generales del Estado ofrecen una versatilidad y una variedad en cuanto a estudios y materias, que no cierran puertas a nadie, independientemente de los estudios universitarios realizados»

Por su parte, Diego Méndez se decantó por el Cuerpo Superior de la Administración del Estado (CSACE) siendo licenciado en Derecho y Ciencias Políticas. Hoy es Técnico Superior en la Subdirección General de Contratación Centralizada de servicios y suministros para la gestión de inmuebles en el Ministerio de Hacienda y Función Pública. Además se acaba de unir al equipo de preparadores de SKR para acompañar a otros a seguir sus mismos pasos.

El Derecho y las Ciencias Políticas podrían parecer determinantes a simple vista como requisito para estas oposiciones por las similitudes en cuanto a las materias, pero Diego nos muestra que no es así. Ya que sus compañeros son desde periodistas hasta matemáticos o historiadoras del arte. Y es que los cuerpos generales del Estado ofrecen una versatilidad y una variedad en cuanto a estudios y materias, que no cierran puertas a nadie independientemente de los estudios universitarios que hayas realizado.

«Decidí que era momento de cambiar y pretendía que el siguiente trabajo me permitiera conciliar mejor la vida laboral con el resto de mi vida. Una vez metido en plena faena de preparación he ido afianzando mi vocación de servicio público»

Los tres aprobaron sus convocatorias correspondientes a la Oferta de Empleo Público de 2018 tras unos años preparándose. A dichas convocatorias les llevó su vocación por el servicio público. «Sé que no es lo que abunda entre los opositores de Cuerpos Generales y menos en esta época en la que el mercado laboral desgraciadamente está tan mal. Yo sabía que quería trabajar en un ministerio al poco de empezar la carrera, así que empecé a opositar solo un mes después de presentar el último TFG», confiesa Adela mientras Nicolás constata dicho panorama laboral: «Trabajaba en una multinacional de servicios jurídicos. El horario de trabajo me ocupaba unas 10 horas al día, además del desplazamiento. Ante las pocas posibilidades que ofrecían para desarrollar mi carrera profesional, decidí que era momento de cambiar y pretendía que el siguiente trabajo me permitiera conciliar mejor la vida laboral con el resto de mi vida. Una vez metido en plena faena de preparación he ido redescubriendo y afianzando mi vocación de servicio público».

La vocación también impulsó a Diego: «Siempre he sentido la necesidad de dedicarme a algo orientado a mejorar la vida de las personas, a crear una sociedad mejor. Acceder a la alta función pública es sólo uno de los caminos por los que conseguir ese objetivo, y probablemente la vía más institucional».

La primera derrota

«Un fracaso no es siempre un error, es simplemente lo mejor que se podía hacer en esas circunstancias. El verdadero error es dejar de intentarlo», dijo en su momento el psicólogo B.F Skinner y no puede ser más acertado para aplicarlo a una oposición.

Diego, desde su valiosa experiencia, nos transmite siendo franco cómo se viven los errores desde la trinchera: «Los primeros tropiezos los asumí como parte del aprendizaje. Tras un pequeño luto de uno o dos días después del suspenso tienes que ser capaz de recomponerte sin más problemas. A medida que el proceso se alarga la remontada se hace algo más dura. Ver que el proceso se te resiste produce una frustración a la que no te has enfrentado antes y tienes aprender a gestionarla. Debes recoger los pedazos que quedan de ti, fortalecer la confianza en uno mismo y nunca dudar de tu objetivo final».

«Los primeros tropiezos los asumí como parte del aprendizaje. Tras un pequeño luto de uno o dos días después del suspenso tienes que ser capaz de recomponerte sin más problemas»

Cuando te enfrentas a una preparación del calibre que nos atañe, cuerpos generales de los subgrupos A1 y A2, tienes que estar preparado para los posibles ‘stop’ que te puedas encontrar en tu recorrido -en ocasiones, ajenos a tu voluntad- y reconvertirlos en impulsos para seguir avanzando.

Este fue el caso de Adela y Nicolás, que apenas sin haber dado una vuelta entera al temario se presentaron a su primera convocatoria, como ellos mismos esperaban, sin éxito. «Esta experiencia me sirvió como estímulo y para comprobar que podía aprobar con dedicación y trabajo; en definitiva, confirmé que me encontraba en la senda correcta», fue lo que se demostró así mismo Nicolás.

Sin embargo, a pesar de lo que se suele pensar, para ninguno de los tres, los suspensos en su camino fueron la peor situación a la que se enfrentaron. Porque cuando inviertes tantos años en un objetivo, la vida sigue su curso y no siempre a tu beneplácito.

Sacrificio e incertidumbre

Nadie ha salido ileso de la situación sanitaria de emergencia que vivimos hace unos meses -a la que aún tratamos de controlar-, y nuestros opositores no han sido menos. Nicolás nos cuenta como lo vivió: «Sin duda, el peor momento ha sido el periodo de incertidumbre entre el segundo examen y el tercero, no pasaron rápido precisamente esos meses desde el 25 de enero hasta el 3 de octubre de 2020. En primer lugar, porque salí del segundo examen un poco descolocado, sin tener claro a lo que atenerme. A eso se le sumó el decreto del estado de alarma con su correspondiente confinamiento. Mi rutina de estudio estaba muy estructurada e iba a la biblioteca mañana y tarde. Con el confinamiento me costó acostumbrarme a la nueva situación de estudiar en casa y me trastornó bastante. Para colmo, no supimos las notas hasta el 23 de abril, desde enero que habíamos hecho el segundo examen. Ese momento fue un subidón y más en el momento de confinamiento e incertidumbre en que nos encontrábamos. Fue un chute de energía y de ánimo impresionante. Después, la demora con el tercer examen también fue haciendo mella en el ánimo y la moral. Fue bastante duro preparar sin tener una fecha concreta de referencia».

«El peor momento ha sido el periodo de incertidumbre entre el segundo examen y el tercero, no pasaron precisamente rápido esos meses. A eso se le sumó el decreto del estado de alarma con su correspondiente confinamiento»

Adela, se encontró en la misma situación que su compañero ‘opositoril’ de batallas, puesto que estaban incursos en la misma convocatoria. A su situación se le sumó un incidente en el segundo examen que no se esperaba y que perjudicó su ánimo: «Fueron meses muy complicados anímicamente, la verdad. Hasta que publicaron las notas del segundo lo pasé regular porque confesando, aunque rompa el anonimato, dejé la primera pregunta del examen sin responder (la de los estados de alarma, excepción y sitio del artículo 116 CE, por paradójico que suene hoy en día…) y siempre me habían dicho que una en blanco es sinónimo de suspenso, ya sabéis que no lo es pero recomendaría a todo el mundo que no lo haga nunca, la angustia que vais a tener esperando la nota no compensa”.

Diego, por su parte, vivió momentos delicados y tristes que nos relata con esta sinceridad: «Me acuerdo estar preparando el tercer examen cuando mi abuelo enfermó de neumonía. Me desesperaba tener que estudiar los sistemas de información de las Administraciones Públicas mientras mi abuelo luchaba por salir de esa. ¿A quién le importan los sistemas de información en ese momento? En mi último año, mi abuelo volvió a enfermar y no pudo superarlo. Entonces yo ya era veterano y pude permitirme estar a su lado. Supongo sabía que su fuerza me acompañará siempre, y eso a uno le empuja hasta el final. De hecho, ese año aprobé. Lo que peor llevo es que no pudiera darle la noticia en su casa, y que haya tenido que verlo desde tan lejos».

«Mi abuelo enfermó de neumonía mientras preparaba el tercer examen. Me desesperaba tener que estudiar los sistemas de información de las Administraciones Públicas mientras mi abuelo luchaba por salir de esa. ¿A quién le importan en ese momento?»

A pesar de lo vivido (y sufrido) a lo largo del pedregoso camino recorrido, Diego ha aprendido que en la vida muchas cosas dependen de ti y otras muchas cosas dependen de la suerte. Y ahora predica con su lección aprendida: “Lo único que podemos hacer es reducir el margen de acción con el que cuenta la suerte, para hacer que las cosas dependan cada vez más de ti, y que tú estés preparado para controlar lo que te viene encima.”

El reto que ganas contra ti mismo

Diego recuerda con cariño uno de los lemas de su primera preparadora, Lucía Herranz: «La oposición es una lucha contra uno mismo que te enseña a conocerte y a ser humilde”. Adela se muestra totalmente de acuerdo y cree que “la enseñanza más positiva que te puedes llevar como opositor es la demostración propia de lo que eres capaz. Realmente es una oposición dura que te tiene fluctuando anímicamente todo el rato y mientras estudias pasas mucho tiempo contigo mismo. Aprendes a escucharte, a soportarte, a quererte, a odiarte…».

«Lo mejor que podemos hacer es reducir el margen de acción de la suerte para que las cosas dependan cada vez más de ti»

Nicolás también pone hincapié en el aprendizaje personal que ha obtenido: “Me he conocido mejor a mí mismo al ponerme a prueba durante este tiempo. He desarrollado la capacidad de sacrificio, el esfuerzo y la constancia. He sido capaz de ser consecuente a la hora de dedicarle a la oposición el sacrificio que requiere, sabiendo que la recompensa es grande, y me siento satisfecho de haber podido realizar este esfuerzo, del que ahora soy el principal beneficiario”. Aunque, nos cuenta, ha sido a costa de renunciar a muchas cosas: “A tener ingresos durante un tiempo, a la posibilidad de hacer determinados planes, tener vacaciones largas, hacer viajes; le he quitado tiempo a mi novia, a mi familia, a mis amigos”.

Como dice Diego, «verás a amigos y familiares empezar a construir sus vidas (parejas, vacaciones, coches nuevos, casas, bodas…). Pero tú tienes que seguir centrado en tu objetivo».

«El mero hecho de sentarte a opositar te transforma. Independientemente del resultado del proceso, serás una persona diferente cuando finalices»

A pesar de todo, cuando les preguntamos que, si el esfuerzo realizado realmente merece la pena, la respuesta es contundente: indudablemente sí. “Conseguir la plaza es una satisfacción personal increíble”, afirma un Diego orgulloso y feliz.

Una oposición no solo es el medio para conseguir el fin último -empleo asegurado para toda la vida-, a la vez es un reto en sí misma. Una batalla que solo depende de ti en la que la mejor arma es la constancia, el esfuerzo y las ganas. Una batalla que, si ganas, te cambia la vida.

Una nueva vida

Adela no se lo piensa dos veces al echar la vista atrás y verse en su habitación estudiando. Asegura que personalmente ha cambiado, su vida profesional y social también desde que tomo posesión en su puesto. «Poder hacer proyecciones de futuro teniendo un buen puesto de trabajo es el sueño de muchos» y ahora, su realidad.

Diego reafirma las palabras de Adela y pone énfasis en el cambio personal: «Hay que ser conscientes que el mero hecho de sentarte a opositar te transforma. Independientemente del resultado del proceso, serás una persona diferente cuando finalices. Desde luego, yo no soy el mismo ahora que cuando tenía 25 años. Nadie lo es y opositar curte». Además, se siente agradecido por las privilegiadas condiciones que tiene la persona funcionaria que ahora disfrutará él. Su madre, autónoma y viuda, se enfrentaba a muchas dificultades cada fin de mes por lo que para él «liberarse de esa presión ha sido una sensación inexplicable». Y sobre esta idea añade que «la estabilidad y posibilidad de crecimiento dentro de la Administración, encontrar un sitio y ámbito en el que desarrollar mi carrera profesional, las innumerables opciones de movilidad funcional y geográfica que ofrece la AGE…».

Para Nicolás ahora se le «abre un período lleno de oportunidades que tengo ganas de aprovechar». A pesar de mudarse a Madrid para ocupar su nuevo puesto y dejar atrás Málaga, donde ya trabajaba en la Diputación Provincial, está feliz y emocionado antes los cambios.

Rompiendo los estereotipos de la Administración Pública

La Administración Pública es aquello de lo que todo el mundo comenta -no siempre de manera positiva-, pero sólo los que forman parte de ella conocen. Son muchos los estereotipos y etiquetas que lleva a la espalda tanto el ente como las personas que trabajan para él. ¿Quién no se ha quejado alguna vez de la lentitud de la gestión de solicitudes? ¿O del trato poco amable recibido en una ventilla de atención? Pues bien, nuestros exalumnos ahora nos cuentan, desde dentro, cómo realmente funcionan las instituciones.

«Ilusiona y alegra conocer a compañeros muy comprometidos y motivados con la causa, actitudes remotamente distantes de los estereotipos negativos que aún siguen escuchándose»

Nicolás desde su reciente experiencia, rompe con lo tradicionalmente establecido sobre la Administración: «Cuestiones como la modernización, la agilidad en algunos trámites o digitalización y papel cero, en las que aún queda camino por recorrer y la realidad se encuentra alejada de lo que se estudia en la teoría. Esto supone un reto al que ya puedo contribuir desde dentro. No obstante, ilusiona y alegra conocer a compañeros muy comprometidos y motivados con la causa, actitudes remotamente distantes de los estereotipos negativos que aún siguen escuchándose».

Por su parte, su compañero de CSACE, rompe una lanza muy en favor de los empleados públicos, con los que ahora comparte despacho: «Me ha sorprendido el nivel de conocimiento técnico y específico que tienen nuestros compañeros de la Administración. Por otro lado, la capacidad resolutiva, la velocidad mental, la experiencia y la cercanía personal de aquellos que tienes por encima es también increíble. La sensación que tienes cuando entras es que eres uno más, eres parte del equipo. Por supuesto que siempre hay cosas para las que piensas: ¿Cómo puede funcionar esto así? Pero lo cierto es que funciona, y si quieres mejorarlo, deberías empezar por aprender de tus propios compañeros».

Aliento para los opositores

Si estás leyendo esto y todavía tienes algo que te frena a lanzarte a por tu objetivo. Adela, ha estado en el mismo lugar que estás ahora y lo tiene claro: «Si realmente es lo que quieres, inténtalo, pero tienes que saber que el camino es duro. No desistas, porque el único que no lo consigue es el que abandona».

Nicolás tiene un consejo para todo aquel que necesite un rebufo que le impulse al fin de la meta: «Como suele decirse: que los árboles no impidan ver el bosque. Es decir, que intente mantener la cabeza lo más serena y fría posible y no se distraiga, ni despiste. No sirve de nada agobiarse o proyectarse a muy largo plazo. Que focalice los esfuerzos en el próximo examen, que es la primera meta».

«Si realmente es lo que quieres, inténtalo, pero tienes que saber que el camino es duro. No desistas, porque el único que no lo consigue es el que abandona»

Para SKR es fundamental que sus preparadores hayan estado sentados en la misma silla que estarán sus alumnos. Ellos han recorrido ese camino, saben lo que duelen las piedras que te vas encontrando. Y nada mejor que desde la propia experiencia para enseñar y guiar a los que van detrás.

Tanto para la oposición de los Cuerpo Generales del Estado –CGACE y CSACE– como para el resto de oposiciones, apostamos por una preparación individual pero con libertad para que cada alumno pueda compaginar sus circunstancias personales y laborables -que no suelen ser sencillas- con el ritmo de estudio que se requiere.

Además, Diego no duda en destacar el valor humano de SKR: «Siempre se ha hecho valer por su carácter familiar y cercano. Nunca te sientes sólo, siempre tendrás a tus compañeros de cante y de las otras actividades, al equipo de ‘secre’ y a tus ‘prepas’, profesionales que han pasado por lo que tú estás pasando, sin olvidar que esto es una academia para unas oposiciones muy duras y no un jardín de infancia. Ese espíritu familiar, esa camaradería, se nota antes de aprobar, durante el proceso, y una vez todo ha terminado».

 

Ainhoa León es alumna del Cuerpo de Gestión de la Administración Civil del Estado en SKR. Periodista con vocación de servicio público que nunca rechaza una buena conversación.

 

 

 

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