DIANA PLAZA MARTÍN

La pandemia nos hizo entrar en estados de excepcionalidad en los que la concepción sobre el tiempo se alteró. Mientras que parte de la población mundial veía como el agua subía hasta su cuello con una velocidad inusitada, para otros el tiempo se había suspendido y no sabían qué hacer con él.

La vita activa no estaba preparada para la vita contemplativa y menos en sociedades donde la mayoría de su población vive «al día», sin ningún tipo de cobertura social que les permita, ni siquiera en tiempos pandémicos, parar. Y es que, para algunas regiones del mundo, los tiempos de la COVID supusieron llanamente la aceleración de las tendencias preexistentes.

América Latina, a la sombra de las dictaduras

En 2011 el que fuera embajador de Francia en El Salvador, México y Brasil y desde 2003 director de la Maison de l’Amérique Latine con sede en París,  Alain Rouquié, publicaba una obra de carácter histórico-político titulada – A la sombra de las dictaduras. La democracia en América Latina-. En ella, el autor nos relata la historia de la región desde la Independencia hasta 2010, señalando que, a pesar de que «no se asocia de forma espontánea» a la región con la democracia, «dentro del área cultural occidental, tras Estados Unidos, los Estados latinos de las Américas estuvieron entre los primeros en adoptar regímenes políticos democráticos, mucho antes que la mayoría de los países de la Europa continental».

No obstante, el autor avanza por la historia de la región, dividiéndola en cinco capítulos con títulos tan elocuentes como: La ciudadanía en un continente autoritario (Independencia-mediados del siglo XX); La continuación de la dictadura por otros medios (década del 80) y La tentación mayoritaria; capítulo en el que reflexiona sobre los gobiernos de la década de los noventa, quienes responden a las terribles consecuencias de la Década perdida para el desarrollo abrazando la Globalización económica a través de «achicar el Estado para agrandar la Nación». Valga decir al respecto que, si bien el Estado se achicó fuertemente en su capacidad de generar recursos vía las privatizaciones de una buena parte de los sectores productivos estratégicos, la Nación sólo se agrandó en lo referente al espacio que dejaron los ciudadanos que se vieron en la obligación de migrar.

El cierre de la obra se manifiesta entre esperanzado y sospechoso por la calidad democrática de los gobiernos del giro a la izquierda o ciclo progresista, que formalmente inician en 1994 con la llegada de Hugo Chávez al poder y tienen su declive al unísono con el reciente fin del ciclo expansivo del capitalismo y, por ende, del boom de las commodities en 2014. Parón de la economía que convierte al actual ciclo en el de menor crecimiento para la región en las últimas siete décadas (entre 2010 y 2019 se pasa de crecer del 6 al 0,2%).

En ese difícil contexto económico estaba la región, siempre a la sombra de prácticas de escasa calidad democrática en el plano político, particularmente en lo referido a la cada vez mayor judicialización y militarización de la política (casos de Brasil y Bolivia), cuando llegó la pandemia y suspendió supuestamente el tiempo con un «estado de excepción mundial».

Oxímoros atemporales

El economista y sociólogo René Ramírez en Dictaduras democráticas, autoritarismo neoliberal y revueltas populares en tiempos de Covid-19 llama nuestra atención sobre el devenir de la región, separando el trigo de la paja para mostrar que lo que viene, no es tanto efecto del tiempo pandémico, sino de las contradicciones acumuladas en los tiempos pasados.

Ramírez abre su texto aludiendo al debate entre Slavoj Zizek y Byung-Chul Han, contenido en Sopa de Wuhan (2020), destacando que, mientras para el esloveno la pandemia será un golpe mortal al capitalismo, para el coreano ésta acelerará la mutación del capitalismo hacía el modelo asiático de capitalismo digital autoritario. Aceleración de tendencias previas que Ramírez también encuentra en la región, aunque no en la fórmula asiática vinculada a las nuevas formas del «capitalismo panóptico-tecnológico, controlador hasta del aire que respiramos», sino a modelos más conocidos para América Latina en los que el autoritarismo neoliberal en lo económico, empujará a la región hacia dictaduras democráticas.

«No es ni el fin del ciclo progresista, ni el fin de ciclo de la corta noche neoliberal. América Latina se está jugando una transición social que se debate entre la vida y el capital, una transición hacia nuevas formas de dictaduras»

Cuando Rouquié pensaba la política en la región, nunca dejó de mencionar que la dictadura era una sombra que, como toda sombra, sólo desaparece si no arrojas luz sobre ella, pero poco tiene que ver con una situación excepcional. Por ello, cuando estudió las transiciones a la democracia iniciadas a finales de los 70, formuló preguntas tales como ¿crepúsculo o transfiguración de los autoritarismos? Ramírez en su texto nos dice que lo que estamos viviendo ahora no es, «ni el fin del ciclo progresista», ya que Fernández ganó las elecciones en Argentina, «ni el fin de ciclo de la corta noche neoliberal» (la larga es la del siglo XX), sino que América Latina se está jugando una «transición social que se debate entre la vida y el capital», una «transición hacia nuevas formas de dictaduras», es decir, no es crepúsculo de nada, sino más bien transfiguración de lo preexistente.

Este escenario es descrito por Ramírez utilizando de forma deliberada un oxímoron, un contradictio in terminis, para provocar un instante dominado por el absurdo que nos haga perder la noción de tiempo por un momento y nos obligue a pensar (y, optimistamente, a actuar) sobre ese nuevo significado que, desgraciadamente, no tiene nada de absurdo: dictaduras democráticas.

En la vida, todo es cuestión de tiempo

Como mucho de lo que sucede en estos tiempos globalizados, la mencionada transición puede ser vertiginosa y violenta. En tiempos excepcionales, el juego democrático liberal, que responde a un marco normativo, espacial y temporal, en el que los actores deben mantenerse (R. Aron, 1965), puede acelerar sus tiempos y cambiar las reglas en aras de situar a la ciudadanía mundial en la necesidad de escoger entre dos términos opuestos – orden vs. caos –. El poder neoliberal que estabiliza a través de la libertad y cancela toda resistencia de Byung-Chul, anula el tiempo y el espacio para el pensamiento y las necesaria reflexión sobre la vida que merece la pena ser vivida que nos otorgan los oxímoros por muy absurdos que parezcan.

En la pandemia se ha puesto de moda hacer referencia a las obras literarias sobre pestes sociales y a las películas de ficción de escenarios apocalípticos, haciendo gala de esa tendencia y de que el mundo se mueve por Asia, yo mencionaré a una de las películas del cineasta hongkonés, Wong Kar-Wai, que vio la luz en 2004 bajo el título 2046. En ella, el guion nos regala una frase que a mi siempre me ha hecho mucho sentido, «en el amor todo es cuestión de tiempo, ni demasiado pronto, ni demasiado tarde».

Yo no voy a hablar del amor en política (para ello les recomiendo el artículo de Daniel Fernández publicado en este blog), pero sí sobre la necesidad de que América Latina saque al debate sobre su futuro de excepcionalidad pandémica y lo reconduzca hacía los debates estructurales. Poner sobre la mesa a las sombras que acompañan a la región históricamente, como los necesarios cambios de su matriz productiva, una estancada integración regional y la histórica y lacerante desigualdad es lo que apremia y no es nada excepcional.

 

IMAGEN: www.freepng.es

 

Diana Plaza Martín es Doctora en Relaciones Internacionales, Ciencias Políticas y de la Administración y miembro del claustro de profesores de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública SKR. Cuenta con una sólida experiencia docente en diferentes universidades de México, como la Iberoamericana o el Tecnológico de Monterrey. Investigadora y experta en el estudio de la identidad nacional, la cultura en la globalización y el deporte.