MIGUEL ÁNGEL MARTÍN

En un artículo anterior, me refería a la existencia de un paradigma estoico de dirección que demostraba la actualidad de los clásicos, en particular, la de la filosofía de la Stoa como una sólida alternativa para hacer frente al actual contexto de incertidumbre y a los retos que plantean los complejos problemas de nuestro tiempo.

Subrayaba, además, que la vigencia de los clásicos se debía al hecho de que centran su atención en lo fundamental, en aquellas cuestiones que afectan al mismo núcleo del ser humano y que, en consecuencia y a pesar del paso del tiempo, no han variado sustancialmente. Efectivamente, la naturaleza humana sigue siendo la misma porque seguimos enfrentándonos a los mismos problemas. Curiosamente, Peter Drucker, uno de los clásicos del management contemporáneo a los que también me refería en aquel post, subraya esta misma idea cuando afirma: «No existe evidencia de que el ser humano haya cambiado mucho en el curso de la historia ni de que haya ganado en estatura intelectual o madurez emocional. La Biblia sigue siendo la medida más completa de la naturaleza del hombre. Esquilo y Shakespeare siguen siendo los mejores textos de psicología y sociología. Sócrates y Santo Tomás de Aquino los más altos exponentes del intelecto humano».

La vigencia del estoicismo

En el caso concreto de los estoicos y como muy acertadamente señala, Agustín López Tobajas en el prólogo de su traducción del Manual de Vida de Epícteto: «La actualidad del estoicismo apenas necesita ser subrayada. En un mundo cuyo funcionamiento mismo parece asentarse en una delirante dinámica de creación de necesidades ficticias, de promoción y estímulo de todo tipo de deseos y apetencias, de todo aquello […] que no depende de uno mismo, y, en definitiva, en la entronización de un yo socializado, exteriorizante y superficial […], el estoicismo y el pensamiento de Epícteto pueden constituir una materia de reflexión […] para quienes creen en la necesidad de una reorientación moral de nuestro mundo«.

Creo que el juicio de López Tobajas nos hace ver con claridad la validez que, con carácter general, tiene el estoicismo en el presente, pero me gustaría insistir, muy especialmente, en su utilidad también en el ámbito de la dirección de empresas.

Los gurús del management

Para ello, voy a recurrir al ejemplo, sin duda impactante, de una figura sobresaliente del mundo empresarial, uno de los mejores emprendedores y ejecutivos de la historia que, aunque pueda parecer sorprendente, triunfó en un sector tan competitivo y de vanguardia como el de la tecnología digital, aplicando y recomendando los consejos del repertorio estoico de principios de nuestra era.

Como nos recuerda Brad Jackson, Huczynski clasificó a los gurús del management valiéndose de tres tipologías: la de los académicos, la de los consultores y la de los héroes. Nuestro ejemplo lo tomamos de la más atractiva de dichas tipologías, la de los héroes, una categoría que incorpora a líderes de éxito de grandes corporaciones que, además de difundir su experiencia de gestión, cuentan con un perfil carismático y un estilo propio e innovador que les convierte en casi inevitables modelos a seguir.

Estoy seguro de que la mayoría coincidirá en que, entre los héroes, dos de ellos tendrían la consideración de referentes imprescindibles: el héroe de Microsoft, Bill Gates, y el desaparecido héroe de Apple, Steve Jobs.

Manual de valores en la posmodernidad

Poco tiempo después de su muerte, leía en la prensa un artículo titulado «La filosofía de la innovación» que empezaba reconociendo que Jobs enseñó más con su trabajo y con su vida que con sus clases magistrales (un rasgo estoico fundamental, por cierto), pero a continuación, no renunciaba a hacer un repaso de las recomendaciones que nos había legado en sus intervenciones públicas.

El artículo sugería, muy acertadamente, que esas recomendaciones podían constituir un manual de valores en la posmodernidad, un tiempo sin guías ni puntos de referencia.

En aquel momento ya había decidido que, siguiendo los pasos de otros autores como Javier Fernández Aguado y Antonio Ortega Parra, escribiría un libro que intentara vincular el legado de la Antigüedad, concretamente el de la filosofía estoica, con el mundo de la dirección de organizaciones y, por tanto, había comenzado a documentarme sobre dicha corriente filosófica, así como a leer a los principales representantes del estoicismo nuevo romano. Debo reconocer que la lectura de ese artículo me sorprendió, podría incluso decir que me sobresaltó, al comprobar que todas las propuestas del «héroe de Apple» eran cuestiones centrales de los textos de Epícteto, Séneca o Marco Aurelio con las que ya había tenido ocasión de familiarizarme. Acababa de descubrir una conexión totalmente inesperada entre esos dos mundos aparentemente tan distantes que pretendía relacionar, acababa de descubrir a ese Jobs estoico al que se dedica este artículo.

Estoicismo vs. budismo

No quiero decir que Steve Jobs fuera voluntaria y conscientemente estoico porque sus fuentes de inspiración, tal y como se acredita en la magnífica y documentada biografía escrita por Walter Isaacson, eran las del budismo y la espiritualidad oriental.

Sin embargo, las similitudes entre ambas perspectivas (la estoica y la budista) son evidentes en algunos conceptos esenciales:

  • La realidad y su verdadero conocimiento. La realidad se concibe como un todo integrado en el que sus partes cobran sentido. Esa unidad es “Ahimsa” en el budismo y “razón” en el estoicismo, una razón que se constituye como ley natural integradora de un orden universal. El conocimiento de esa realidad exige la depuración de nuestras elaboraciones mentales. El budismo nos habla del velo que nos impide verla. Schopenhauer, en su obra El mundo como voluntad y representación, se refiere a esa tradición budista, “el velo de Maya”, un velo que, formado por las representaciones de los sentidos, nos impide ver o conocer lo que algo es en sí, es decir, lo que es realmente. Por su parte, es un tema recurrente de la filosofía estoica la necesidad de superar las “falsas representaciones” que enturbian nuestra percepción de lo que las cosas verdaderamente son.
  • La serenidad y el equilibrio personal, “sukha” en el budismo y “apatheia” en el estoicismo, sólo son posibles si empezamos por conocernos a nosotros mismos mediante una introspección sincera. “Gom” se denomina en el budismo a la meditación entendida como aproximación sincera y fiable a una realidad que empieza por nuestra propia persona y se correspondería con el autoconocimiento y la constante mejora personal del “cuidado de sí” o “cura sui”
  • La felicidad duradera no se consigue desde el egoísmo, sólo se alcanza compartiéndola con los demás. El ya mencionado concepto de “Ahimsa”, esa realidad integral y sistémica que lo comprende todo, integra también al individuo con sus semejantes, de manera que, hacerles daño a ellos, es hacérnoslo a nosotros. En el lado estoico, la idea de “humanitas” vincula a todos los seres humanos que comparten una misma naturaleza, la racional, y es la base del ecumenismo o cosmopolitismo.
  • Las desgracias o contratiempos, “dukha” en el budismo y “mala” (los males o lo malo) en el estoicismo, nos hacen progresar. No debemos limitarnos a soportarlos pasivamente, sino que debemos utilizarlos como resorte de nuestra transformación interior. (Según Séneca: “Quae nocent, docent”. Todo lo que nos hace daño nos enseña. Mediante la lucha frente a nosotros mismos y frente a los acontecimientos de la vida nos perfeccionamos y nos hacemos más fuertes).

Creo que puede ayudarnos a entender esta coincidencia de planteamientos entre ambas filosofías un concepto que Karl Jaspers, en su obra Origen y meta de la Historia, ha definido como “tiempo-eje”. Se trata de un momento, que se sitúa aproximadamente 500 años antes de Cristo, en el que, en diferentes escenarios (la China de Confucio, El Irán de Zaratustra, la India de Buda o la Grecia de Sócrates, Platón y Aristóteles) y a pesar de las diferencias en el modo de pensar y en las creencias, se produce una convergencia en un único mensaje que constituye, precisamente, la esencia del pensamiento estoico.

Su contenido lo ha resumido con precisión Peter Watson: «la respuesta para una vida ética reside dentro del hombre mismo y el orden y la armonía universales sólo pueden alcanzarse si la gente desarrolla un sentido de la comunidad y del deber más amplio que supere los egoísmos individuales y familiares».

También Massimo Pigliucci, en uno de sus últimos libros, el celebrado Cómo ser un estoico, insiste en la proximidad entre el estoicismo y el budismo al que no duda en calificar un tanto prosaicamente como su primo oriental.

Steve Jobs y el estoicismo romano

Por este motivo, no debe extrañarnos que, si contrastamos las recomendaciones de Steve Jobs recopiladas en el artículo de prensa al que he hecho referencia con las formuladas hace más de dos mil años por diferentes autores del estoicismo romano, exista una total sintonía:

Ten tu propio criterio. Busca en tu interior y confía en ti.

Jobs: «No dejes que los ruidos de las opiniones de los demás acallen tu voz interior». «Si tú lo deseas, puedes volar, sólo tienes que confiar mucho en ti.»

Epícteto: «Si haces alguna cosa convencido de que es tu deber hacerla, no busques medios para evitar que otros la vean, por desfavorable que pueda ser el juicio que de ti y de tu acción se forme.»

Trabaja para la comunidad humana de la que eres miembro y reconoce la herencia que, de ella, has recibido.

Jobs: «Todo lo que hago depende de otros miembros de nuestra especie…y muchos de nosotros queremos contribuir con algo para devolverle el favor a nuestra especie y para añadir algo nuevo al flujo de humanidad». «Tratamos de utilizar el talento que sí tenemos para expresar nuestros sentimientos más profundos, para mostrar nuestro aprecio por todas las aportaciones que vinieron antes que nosotros y para añadir algo a esa corriente. Eso es lo que me ha motivado.»

Marco Aurelio: «Y puesto que existe cierta afinidad entre yo y las partes de mi especie, no haré nada que sea perjudicial para la sociedad, ¿qué digo?, me ocuparé particularmente de mis semejantes, dirigiré toda mi actividad hacia todo lo que contribuya al bien general, evitando cualquier cosa que le sea perjudicial.»

Séneca: «Tengo veneración por los hallazgos de la sabiduría y por sus autores; yo hago uso de esos hallazgos como de una herencia común. Han sido adquiridos para mí, para mí han sido elaborados…queda todavía mucho por hacer y mucho quedará y a ninguno que nazca después de muchos siglos se le cerrará la ocasión de añadir algo todavía.»

Aprovecha el tiempo.

Jobs: «Si vives cada día de tu vida como si fuera el último, algún día tendrás razón.»

Séneca: «Pero aquel que gasta todo su tiempo en su personal utilidad, que cuidadosamente planea cada uno de sus días como si fuera el último, ni desea ni teme el mañana.»

Persevera y sé constante.

Jobs: «La mitad de lo que separa a los emprendedores exitosos de los no exitosos es la perseverancia.»

Séneca: «Se debe perseverar y aumentar tu fortaleza con un trabajo asiduo, hasta que tu espíritu esté en buenas condiciones…»

Epícteto: «Aspirando a bienes tan grandes, no olvides que no ha de ser poco el trabajo que emplees en conseguirlos.»

Exígete a ti mismo y haz las cosas bien hechas.

Jobs: «Probablemente sólo tengamos la oportunidad de hacer unas cuantas cosas que de verdad sean excepcionales y hacerlas bien. Ninguno de nosotros tiene ni idea de cuánto vamos a estar aquí.»

Epícteto: «No olvides que eres actor en una obra, corta o larga, cuyo autor te ha confiado un papel determinado… procura realizarlo lo mejor que puedas. Porque, si ciertamente no depende de ti escoger el papel que has de representar, sí el representarlo debidamente.»

No te desanimes por las dificultades que puedan surgir en el camino.

Jobs: «A veces la vida te va a golpear en la cabeza como un ladrillo. No pierdas la fe.»

Epícteto: «No te desanimes por nada en ocasión alguna; imita, por el contrario, a los maestros del pugilato que cuando ven a un novato rodar por el suelo le obligan a levantarse y volver a la lucha.»

El vínculo con uno mismo y con la comunidad

Tampoco es menos sorprendente que el consejo más relevante de Jobs, entre los citados: «busca en tu interior y confía en ti» que supone una clara reivindicación de la autonomía de pensamiento y de la necesidad de tener un criterio propio respecto de nosotros mismos y de todo lo que nos rodea, coincida plenamente con lo que propone Ralph Waldo Emerson, destacado representante del trascendentalismo norteamericano y considerado por algunos como un idealista estoico o un neoestoico influido por ideas clave de esa filosofía. (Y, por cierto, vinculado también con el hinduismo y la filosofía oriental).

En 1841, casi siglo y medio antes de que Jobs creara su primer Macintosh, Waldo Emerson publicó su ensayo Confianza en uno mismo en el que defendía la necesidad de que el individuo recuperara la fe en sí mismo y en su propio criterio como clave, tanto para el éxito y la paz personales, como para el progreso de las naciones. En palabras de Emerson: «Ojalá un estoico revelase a los hombres cuántos recursos hay en ellos y les advirtiese que no son sauces llorones y…que, si ejercitan la confianza en sí mismos, se les revelarán nuevas fuerzas; que el hombre es verbo hecho carne, nacido para traer salud a las naciones…»

Se trata, en definitiva y como igualmente nos recomienda Jobs, de que el sujeto vuelva la mirada hacia su interior y, a la vez, recupere su vinculación con la comunidad de la que es miembro.

Confianza, compromiso y resiliencia

Llegados a este punto, es evidente que se puede afirmar la existencia de ese Jobs estoico que explicitó y defendió públicamente una serie de ideas que forman parte del núcleo mismo de esa corriente filosófica. Su particular repertorio integra: la preocupación por el autoconocimiento, la confianza en nosotros mismos y la necesidad de definir un criterio propio sobre las cosas, el compromiso con la comunidad, el aprovechamiento del tiempo, la perseverancia, la autoexigencia y el trabajo bien hecho y, por último, la resiliencia ante las dificultades.

Si un legado del que forman parte elementos tan relevantes para el desarrollo personal y el desempeño profesional fue utilizado y reivindicado por una figura tan señera del mundo empresarial como Steve Jobs, se puede concluir que su utilidad, también en dicho ámbito, es difícilmente discutible.

 

Miguel Ángel Martín es Administrador Civil del Estado, miembro del claustro de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública SKR/UAX y autor del libro El directivo estoico: ¿Nueva o vieja gestión de la res publica?