Antonio Blanca Bustamante cree que la incertidumbre generada por la pandemia del COVID-19 obligará al empleo público a adaptarse a la nueva normalidad, aunque el cómo aún está por ver.

Este funcionario convencido se describe a sí mismo como «relativamente joven» tanto de edad como en la función pública, «en la que me están saliendo los dientes», dice jocoso. Está encantado con el puesto que ocupa, Director de Programas en el Gabinete de la Secretaría de Estado de Empleo y Economía Social, e irradia entusiasmo al referirse a cada uno de los proyectos -no pocos- que compagina actualmente. Una actitud proactiva que trata de inocular a las nuevas generaciones de opositores.

¿Por qué decidió apostar por la función pública y en particular por el cuerpo de Gestión de la Administración del Estado?

No es una pregunta de fácil respuesta. En la vida se van cumpliendo diferentes etapas, familiares, sociales y también laborales. Tuve la gran suerte de desarrollar una faceta de mi perfil profesional en otro sector y sentí que había cumplido mi periplo en este y me empezó a llamar mucho mi vocación y parte jurídica de mi formación.

Meditando y valorando muchos aspectos de la vida, aunque lleve carga de tópico, entendí que mi mejor opción era la función pública, primero porque quería contribuir a servir a mi país y a su sociedad, y segundo, porque iba a ser mi esfuerzo y trabajo el que me daría las cartas para poder optar a cumplir mi vocación jurídica.

Analicé diferentes oposiciones, y teniendo en cuenta cómo era el proceso selectivo, el tiempo del que disponía para estudiar, los temas del programa, que en el de Gestión había muchos que o bien me gustaban o bien me llamaban la atención, como en todo también algunos no me gustaban, y sobre todo, por lo multidisciplinar de los puestos que ofrece el cuerpo de Gestión, decidí liarme la manta a la cabeza, «ponerme el cuchillo entre los dientes», y apostar por ello.

¿Cómo ha sido el camino para llegar hasta donde está? ¿Cuáles son sus objetivos a medio-largo plazo?

El camino hasta aquí muy fácil [risas]. Aprobar la oposición -proceso y curso selectivo-, y luego que el componente azaroso, de fortuna, se le puede llamar como quiera, intercediera para que, en la lista definitiva de destinos me tocara en el que actualmente estoy, el primero que ocupo en la Administración General del Estado.

Mis objetivos… Me gusta soñar siendo realista. A medio plazo, seguir aprendiendo y desarrollando el trabajo que actualmente realizo y con el que disfruto mucho, y después probar otros ámbitos, de los que a veces me asalta preparar el grupo A1, pero destaca principalmente la misión exterior, me gustaría tener la oportunidad de salir a trabajar fuera en representación de España, y puestos a elegir, soy un enamorado de París… Todo pasa y todo llega, así que ya veremos. A largo plazo, volver a Córdoba o a Sevilla, a casa, en definitiva. Pero, veremos que me tiene guardado la vida.

«Muchas personas han encontrado en el empleo público una vía para reconducir sus expectativas laborales, que habían quedado mermadas»

Comparte esta vocación con la de preparador de oposiciones, ¿qué le aporta acompañar a sus alumnos en el mismo camino que usted emprendió hace dos años?

Dos años escasos, justo el 7 de mayo de 2018. Pues fíjate desde donde parte mi vocación como formador, que, si te he dicho que no quería opositar al principio, no es del todo cierto. Si hubieran existido oposiciones libres para ser profesor de universidad, sin duda hubiera ido a por ellas.

Me encanta lo que hago con los alumnos, oírles, ayudarles, guiarles… Disfruto muchísimo las sesiones con ellos y todo lo que encierra la preparación. La confianza que ellos depositan en mí, la veo como una gran responsabilidad, pues te conviertes en «parte de su vida», en un pilar que les orienta en aspectos académicos y a veces personales. Trato de devolverles hasta la última gota de esa confianza, me tienen para cualquier cosa que necesiten.

Tienen además unos excelentes resultados, el 73% de los alumnos de SKR que se presentaron al segundo examen de la presente convocatoria lo han superado, ¿cuál es la clave de este éxito? Hasta donde pueda contar, claro…

El éxito… es una mezcla de muchos factores, entre los que cabe destacar desde luego el papel de la academia y de los magníficos preparadores con los que cuenta (por los consejos, materiales, clases, seminarios…), pero sin ningún tipo de duda, el mayor porcentaje de los excelentes resultados de SKR son sus propios alumnos, su esfuerzo y constancia diaria, su sacrificio, su entrega, su trabajo.

Según su experiencia, ¿la preparación para CGACE es dura? ¿Permite compaginarla con trabajo o cargas familiares?

La preparación para GACE es dura, yo le llamo subgrupo A1 y medio, más que A2. En el programa son 67 temas, pero entre leyes, materiales y demás elementos de estudio, se puede ir perfectamente en torno a 100 temas. Hay que dedicarle horas de estudio, de trabajo. Para esta tarea es importante una buena planificación y un buen asesoramiento, saber dónde filtrar, donde hacer más hincapié, que se debe llevar aprendido casi literal, que puede ser prescindible, etc.

El opositor, cuando toma la decisión de dedicarse a esta o cualquier oposición, debe ser muy consciente de sus circunstancias, y adaptarse a ellas. Si bien, claro que se puede compaginar con trabajo, yo las aprobé trabajando, o con cargas familiares, siendo muy conscientes como digo, que hay que sacrificar muchas cosas por el camino, momentos familiares, con los amigos, pero al final merece la pena.

En mi opinión, la dosis de ambición es lo que va a marcar el devenir final de tu decisión. Si realmente quieres lograr tu plaza, vas a minimizar las adversidades, nada se va a convertir en un obstáculo. En relación con esto, se me viene un ejemplo de lo que es ambición absoluta. Tengo una amiga y compañera de promoción que perdió a su padre en pleno proceso selectivo, días antes de un examen, ¿qué puede haber más duro y que altere más tus planes de estudio y casi vida que eso? Pues le sirvió como motivación, como tributo, y logró su propósito.

«El dolor es pasajero, la gloria es para siempre»

¿Ha cambiado el tipo de personas que aspiran a un puesto fijo? ¿Las crisis económicas hacen que se apueste más por esta opción?

Más que cambiar el perfil del aspirante, se ha ampliado el abanico. Como indicas, consecuencia de la crisis de 2008, muchas personas han encontrado en el empleo público una vía para reconducir sus expectativas laborales, que habían quedado mermadas.

Ante el incierto panorama resultante de la pandemia ocasionada por el COVID-19, los indicadores macroeconómicos no son nada halagüeños, hay bastante incertidumbre en muchos aspectos, el económico y el social entre ellos. Habrá que ver cómo se va revirtiendo la situación, el tiempo que se tarda, cómo avanza la economía y entiendo que, asociado a ello, el empleo público no será ajeno, y se adaptará a lo que vaya a venir. Dependiendo de todo esto, imagino que el abrigo de las Administraciones podría ser una buena opción.

«El servicio debe ser ágil, transparente, comprensible, cercano»

Y hablando de crisis… Con la pandemia que estamos viviendo, parece que se revalorizan los servicios públicos, ¿cree que es una moda pasajera?

El funcionario no es solamente el de ventanilla, desagradable y que tarda una hora en desayunar… Es un estereotipo. Por cierto, los funcionarios de ventanilla y atención al público hacen una estupenda labor. Y funcionarios son muchísimos cuerpos, son profesores, bomberos, jueces, diplomáticos…

Los clichés que han existido sobre los funcionarios son solo eso, tópicos, y van a seguir existiendo. Sin embargo, la inmensa mayoría de son grandísimos profesionales, entregados a su trabajo. Más allá de la crisis del COVID-19, cuando ha habido periodos de inacción, gobiernos en funciones, etc., la Administración ha seguido funcionando al cien por cien, se han pagado prestaciones, subvenciones, reconocido y protegido derechos, los juzgados no se han paralizado.

Y con el virus, no hay más que ver el esfuerzo que ha hecho el SEPE en esta crisis para atender la ingente cantidad de peticiones de ERTES, por no hablar de los sanitarios, militares, Guardia Civil… que, si ya de por sí estaban bien valorados por la sociedad, tras lo que ha ocurrido van a estarlo mucho más.

¿Por qué el ciudadano se siente a veces tan lejos de la Administración Pública? ¿Cómo se podría recuperar la confianza en el sistema?

No estoy tan seguro de esa afirmación. Supongo que quién se sienta lejos o ajeno a la Administración Pública es porque no la entiende, no sabe cómo funciona, desconoce el servicio público que realiza, pueden ser muchos factores. Creo que cada vez son más los ciudadanos que se comunican por múltiples causas con las Administraciones.

Como trabajadores públicos, los funcionarios deben estar a disposición de sus jefes, que no son otros que todos los contribuyentes, todos los ciudadanos, y prestarles un buen servicio siempre. El servicio debe ser ágil, transparente, comprensible, cercano, poner la Administración a su disposición, que se sientan atendidos en sus diferentes necesidades. Campañas pedagógicas, funcionamiento real y efectivo del Portal de Transparencia, resoluciones en tiempo, cosas así acercan a las personas la Administración.

Se suele ver el sector público como un lugar encorsetado, antiguo, y a los funcionarios como gente acomodada, incluso, si me permite, poco dados al sobreesfuerzo… ¿Hay algo de verdad en la primera idea?

Respecto de la primera cuestión, esa percepción en absoluto es cierta, los tópicos ni son buenos ni ciertos. Evidentemente que habrá funcionarios que escurran el bulto, o que no trabajen como debieran, pero insisto, la inmensa mayoría son (somos) gente comprometida y muy trabajadora.

Y sobre el acomodo… Es cierto que ahora, hay cierta visión de que los funcionarios son clase privilegiada, en ocasiones envidiada. Pero no debemos olvidar, que antes de la crisis del 2008, al funcionariado se le miraba con cierta condescendencia, «míralo es funcionario», no tenía un poder adquisitivo tan alto como otras profesiones. Luego llegó la crisis y se cambió la percepción. Lo bueno que tiene la función pública que está abierta para todos, cualquiera que entienda que es una opción privilegiada puede convertirse en empleado público.

Por otro lado, es cierto que puede existir un volumen de empleados públicos que no son funcionarios, que podría reformarse, para reducir duplicidades, empresas públicas… y minorar un gasto que puede no ser necesario.

Acerca de lo obsoleto de la función pública, tampoco es cierto. Existen funcionares con años ya de antigüedad que se están adaptando a las nuevas tecnologías, las modificaciones e innovaciones constantes en las formas de trabajo y comunicación, ponen todo de su parte para ejercer eficazmente estas nuevas formas de trabajo.

Además, está llegando una nueva generación de funcionarios que está propiciando un cambio profundo en las formas de trabajar. Entregados, motivados, ambiciosos, están impulsando una Administración electrónica cada vez más protagonista y ahora el teletrabajo, se ha destapado como una herramienta verdaderamente útil, que puede ayudar a la gran transformación de la Administración.

«Donde pueda aportar mi trabajo, estaré»

Además de su trabajo en la Administración y como preparador de oposiciones, tiene tiempo ¡y ganas! para más… Participa activamente en la redacción y actualización constante de los temarios de SKR y se acaba de publicar un Manual de pasos prácticos para la preparación del tercer ejercicio de CGACE coordinado por usted, que, por cierto, está siendo un éxito. ¿Es su forma de combatir la idea de que los funcionarios son más bien vagos?

[Risas] Me encanta trabajar, me encanta lo que hago, y cuando me dedico a algo, es en cuerpo y alma. Lo del Manual, fue un reto, una oportunidad, una muestra de confianza, una mezcla de muchos factores de las que estoy muy agradecido a Kike y José María [Enrique Cortés y José María Casado, equipo directivo de SKR], y desde luego un orgullo. Salvando las distancias, es como un parto, y verlo materializado, y sobre todo ver que sirve a los alumnos, una satisfacción enorme.

A veces me planteo que debo levantar el pie del acelerador, pero luego se me tienta con algún proyecto interesante y la motivación y ganas me pueden. Además, tengo tiempo para hacer las cosas que me gustan, que no todo es trabajar, así que de momento, mientras las ganas, el cuerpo y el espíritu acompañen, donde pueda aportar mi trabajo, estaré.

También imparte charlas sobre «cómo opositar sin morir en el intento»

Esta idea me la sugirió Kike, de hecho, el estreno fue mano a mano con él, todo un gusto. Ahora voy de espada en solitario, y me parece una visión muy enriquecedora de lo que es la oposición a Gestión del Estado desde una perspectiva de 360º.

Hablamos de la oposición con sus exámenes como tal, con consejos, recomendaciones de estudio, pero además los alumnos van a tener una óptica que nada tiene que ver con el apartado académico. Cómo afrontar las emociones, las dudas interiores que les surjan, gestionar el ocio, digamos que una explicación más desde una ventana de preparación psicológica y de otras circunstancias que también influyen en la carrera (de fondo) del opositor.

¿Qué le diría a alguien que se plantea opositar, pero no termina de estar convencido?

Pues una frase que a mí me dijeron cuando yo estaba opositando: el dolor es pasajero, la gloria es para siempre. Que aunque sea un camino duro, una montaña rusa de sensaciones y emociones, el final, merece la pena. Va a poder trabajar con libertad, con todos sus derechos y lógicamente cumpliendo con todos sus deberes, y va a poder contribuir a la sociedad con su dedicación.